Por Gerardo Armenta Balderrama


+La Maestra Gordillo
+Un año en la Cárcel

En febrero, la maestra Elba Esther Gordillo cumplió un año de reclusión carcelaria. Bien a bien, en estas alturas no se sabe qué pena le espera personalmente. El juicio que debería cursarse en contra suya para acreditar o no los varios delitos que se le achacaron para detenerla, no ha tomado hasta ahora el derrotero que cabría esperar.
Incluso, no faltan los que sostengan que la necesidad de que ese juicio adquiera la formalidad que debe distinguirlo, se ha venido retrasando con toda deliberación por la parte acusadora. Debe ser difícil en un momento dado probar esta clase de presunciones, y más en tratándose de una ambientación penal donde, por ejemplo, quien la ha propiciado es alguien como la ex dirigente del sindicato de maestros, reconocida en su momento como la mujer políticamente más poderosa del País.
Quién sabe realmente qué tan influyente haya sido la maestra Gordillo en el medio político y magisterial. Sin embargo, debió ser una dama con poderes descomunales por la forma en que éstos le sirvieron para crear una especie de imperio sindical en el ámbito de la educación pública existente en el País. El problema, hasta donde se entiende, es que la beneficiaria de esa fuerza gremial y política al parecer equivocó los términos de comprensión del asunto.
Al suponer la maestra Gordillo que el SNTE era una más de las muchas propiedades personales que se le documentaron antes y después de su caída, cometió el más grande de los errores que protagonizó a lo largo de su carrera como titular sindical del magisterio. En este contexto, se antoja hasta infantil que haya resuelto oponerse a la reforma educativa que el nuevo Gobierno Federal ideó como una de sus realizaciones estelares.
A la hora de la hora, lo que menos importó a la parte oficial es si la maestra Gordillo aceptaba o no las especificaciones de esa particular reforma, especie de joya de la corona (junto con la de carácter energético) para el régimen priísta que hizo el milagro de volver a Los Pinos tras 12 años de que señoreó allí la voluntad panista. Por ello, sin contemplaciones que no debieron sopesarse en ninguna balanza, se dispuso aprehender a la maestra Gordillo bajo acusaciones que la ubicaron en las filas de la delincuencia organizada.
Sin el SNTE, es decir, en absoluta orfandad sindical, la maestra Gordillo evidentemente dejó de ser quien llegó a ser por la complacencia y el apoyo gubernamentales. Desconocedora por lo visto de la historia de su propio sindicato y de las andanzas de sus prohombres más significados, quienes pagaron antes que ella el desacato que les hizo enfrentarse al poder que los creó, a la Maestra no le quedó otra más que ingresar a prisión, algo que resultó totalmente ajeno a su voluntad, como es obvio inferirlo.
Hace un año, sus primeras horas de prisionera las pasó en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, a donde llegó después de que se le capturó en el campo aéreo de Toluca. En el primero de estos lugares empezaron a tornarse críticas ciertas reacciones orgánicas suyas, en función del trauma o shock que debió representar para ella la certeza de lo que cabía entender como el principio de su derrumbe político.
Hoy se sabe que la frecuencia cardiaca de la maestra Gordillo era de 98 palpitaciones por minuto, en tanto que su presión arterial registró las medidas 150/100. En normalidad aceptable, estos rangos usualmente son menores a 120/80, según los especialistas. De esta forma, al iniciar propiamente su insólito arresto, la maestra Gordillo lo hizo en el desagradable y peligroso marco de una denominada "crisis hipertensiva".
Casi a la medianoche del 26 de febrero del año pasado, ubicada ya en el Penal de Santa Martha Acatitla, su presión arterial seguía siendo preocupante: 160/100, pese a lo cual mostraba un cuadro físico sin otras alteraciones. Sin embargo, en estos momentos padece 14 afecciones. Las más graves son: insuficiencia renal, hepatitis C e hipertensión arterial. Trascendió que durante la primera semana de enero la operaron de un maxilar. Aparte, le aguardan dos operaciones más: una en el talón derecho y otra por una hernia.
Vale hacer votos porque recobre enteramente su salud. Pero en ese ínter debe ser pertinente que empiece a clarificarse su verdadera situación jurídica, más allá de la espectacularidad política que representó llevarla tras las rejas.