Pescar en Agua Dulce
En materia de agua, Bleizeffer sólo sabe ‘el chorrito' (se hacía grandote y se hacía chiquito) y aun así lo
nombraron en CONAGUA. ¿De qué tamaño es la deuda para que le sigan pagando facturas a costa de todos?

¿Se imagina usted a un pueblo que ubicado a menos de 100 metros de una presa que ha llegado a tener hasta 2 millones de metros cúbicos de agua y que sus habitantes sólo dispongan del líquido para uso doméstico por dos horas al día? ¿Se imagina también a las varias familias de ese pueblo sin energía eléctrica? ¿Lo cree usted posible?

Pues el pueblo existe, se llama Conicárit (casa de cuervos) o Mocúzarit (donde canta el tecolote) y está ubicado en las faldas de la cortina de la presa Adolfo Ruiz Cortines -o del Mocúzarit- en el Municipio de Álamos.

El original Conicárit dice Francisco R. Almada, “era Comisaría del Municipio y distrito judicial de Álamos. Tuvo categoría de Municipio hasta diciembre de 1903 y comprende los siguientes lugares: 1 pueblo, una congregación, un mineral y 10 ranchos. Cabecera de la comisaría de su nombre con 264 habitantes, fundado en 1629 por los misioneros de la Compañía de Jesús”. Este pueblo al que se refiere el historiador Almada, -junto con el rancho llamado Agua Caliente de Favela- es el que quedó sepultado bajo las aguas de la presa Adolfo Ruiz Cortines a partir del 11 de octubre de 1955.

El proyecto hidráulico inició con la exploración de los terrenos de la zona en 1949. En 1950 llegó la primera máquina perforadora. En 1952 llegaron los primeros bulldozers, que realizaron los trabajos para la construcción de la cortina. Y la presa empezó a funcionar parcialmente en 1955 y totalmente en 1958. Tuvo un costo de 120 millones de pesos (con todo y la devaluación de 1952, dice el historiador Pedro Chaparro, cuando el dólar pasó de 8 a 12.50 pesos). A la inauguración de la obra hidráulica asistieron el Presidente de la República Adolfo López Mateos, quien la bautizó “Adolfo Ruiz Cortines” en honor a su antecesor y el gobernador de Sonora Álvaro Obregón Tapia.

En el actual poblado a donde se trasladó la mayoría de las familias afectadas por la construcción de la obra hidráulica, dotada de agua por el Río Mayo y por el arroyo Cedros-Quiriego, habitan 234 familias. Una parte considerable vive de la pesca de la tilapia que extraen de la presa y comercializan en la región, y otra parte en la mina “Cobre del Mayo”, de apertura reciente, ubicada en las inmediaciones de la comunidad Piedras Verdes, muy cerca de los pueblos históricos de la época colonial Nahuibampo y Macoyahui.

Para llegar al pueblo, la travesía inicia en la carretera Navojoa-Álamos. En el kilómetro 28.5, al lado izquierdo, se ubica la desviación donde solamente se encuentra pavimentados 70 metros de camino, después la terracería luce bien atendida hasta llegar a la entrada de la mina. A la distancia se divisa un letrero que ubica al rancho Tres Marías y algunas granjas. A unos 6 kilómetros se ubica el señalamiento de la entrada al poblado Osobampo y a un lado se ubica la caseta de vigilancia y acceso a la mina “Cobre del Mayo”. El camino poblado de arbustos, palo de Brasil y algunos matorrales, está enmarcado entre cerros grisáceos y otros tirando a café claro, un poco tristones por la gran sequía que se advierte. Se pasa luego por los restos de un vado -puente- destrozado por el huracán Lowell en el 2008, cuya reparación por lo que se ve, ha brillado por su ausencia, para molestia sentida de los habitantes de la región. Algunos halcones -de los cara cara- situados en la parte alta de los cactus y decenas de zopilotes volando a gran altura, adornan el paisaje de llegada después de recorrer los 15 kilómetros que separan al poblado Conicárit y/o Mocúzarit del entronque a Navojoa.

Al pueblo parecen vigilarlo dos montañas. Una llamada el cerro De la Vieja o Mochotame (diente mocho), por las caprichosas figuras que la erosión le ha provocado, dejándolo con un grupo de formaciones de piedra que coinciden con la imaginación de los pobladores que en su momento los bautizara. El cerro llamado Mocúzarit se encuentra en medio del espacio que domina la cortina de la presa. A la distancia se puede observar abundante caliche, piedras color acero y algo de tierra en su composición.

Al pueblo y sus casas lo adornan una multitud de árboles como el capiro, la pingüica, las piochas, los mezquites y los josos. También palmeras datileras, amolíos, pinitos y citavaros, así como abundantes perros en las calles y casas que, sorprendidos, interrumpen su propia modorra para hurgar quizá, con la mirada y el olfato la razón de la presencia de los visitantes al pueblo.

Las paredes de las casas del pueblo tienen de todo: Adobe, ladrillo, block y concreto. Cercos de vara blanca y mauto con techos de dos aguas donde dominan la lámina galvanizada, terrabo y cartón. En cada uno de los patios de las casas se logra observar -como reserva- más de un tambo de 200 litros, lo que muestra la práctica de almacenaje de agua, que sólo les llega -a decir de sus habitantes- de un pozo, por dos horas al día y a veces cada tercer día. También se observan pequeñas instalaciones que nos muestran que en la mayoría de las casas se filetea pescado.

Una pequeña Iglesia sin nombre en el exterior, pero dedicada -a decir de quienes la administran y cuidan- a la “Virgen del favor,” unas cuantas tiendas de abarrotes, un billar somnoliento, las escuelas de educación básica y el ruido de algunos vehículos que cruzan hacia la presa forman parte del paisaje cotidiano de la comunidad.

“Aquí se vive a gusto, pero parece que la historia se detiene con los problemas que no se resuelven y sólo se posponen”, afirma don Pedro Chaparro Gómez, historiador empírico de la población, con 82 años a cuestas -y con 8 matrimonios- a decir de él mismo. Trabajó de 1956 a 1973 para la Comisión Federal de Electricidad. Nació en el antiguo Conicárit y fue de los que vivieron la transición entre un pueblo y otro.

Al llegar al vaso de la presa, y con niveles extremadamente bajos de agua, se deja ver una parvada de zopilotes (cabeza roja y cabeza negra) que se disputan los restos del pescado fileteado allí mismo con los pelícanos blancos que vienen según los vecinos de Canadá, huyendo de la temporada invernal, así como un grupo numeroso de garzas que observan a distancia.

Con las aguas muy bajas, cruzando una multitud de botellas de plástico en la superficie, que indican la presencia de redes de pesca bajo el agua, y a menos de 15 minutos en lancha de motor, se llega al antiguo pueblo. Al bajar el nivel de las aguas dejan ver los restos de lo que fue la antigua Iglesia, las bases de algunas casas y lo que queda del antiguo panteón (15 tumbas de piedra y cantera labrada, todavía erguidas) al lado de un pequeño cerrito llamado desde la antigüedad como Cerro del Calvario, donde el historiador Chaparro afirma estuvo de paso el padre Eusebio Kino. Fueron muy pocas las casas que quedaron del pueblo original dice, no más de 35, “aquí hubo apellidos tales como Campoy, Zazueta, Gómez, Beltrán, Esquer, Ochoa, Rochín” y otros que al emigrar dieran lugar a numerosas familias del Valle del Yaqui y la región del Mayo, reafirma.

La forma especial del terreno -y el paisaje-, se antoja como para una fotografía de las antiguas películas en blanco y negro o para la narrativa de Juan Rulfo. Se resisten a desaparecer los restos del antiguo camino real que iba de Conicárit a San Bernardo, y casi borrado se encuentra el que se orientaba hacia el Quiriego, teniendo como marco el Cerro del Tecolote, entre dos pequeños cerrillos que enmarcan el flujo de arroyo que desde Cedros cruza pueblos y ranchos para depositar sus aguas en la presa.

En la superficie ya seca, al descubierto se observa una abundancia multiforme de conchitas de almeja en color blanco y café claro, restos de mezquites, palo blanco y jóconos desecados con más de 100 años de antigüedad, que al parecer los ha ido chupando el agua hasta dejarlos con formaciones muy especiales, cual figuras humanas propias de una película de terror, por su color y sus formas caprichosas que el agua de la presa se ha encargado de ir limando pacientemente en el tiempo que han permanecido bajo las aguas.

De las 15 tumbas del viejo panteón que permanecen sólo una presenta identificación en la parte externa de la lápida con el nombre de Tomasa Cota Méndez. Por la forma y el estilo de algunas tumbas, se advierte que el pueblo tuvo gente de origen chino. Chaparro lo confirma.

Al retorno, se coincide con varias pangas de pescadores que regresan con cajas de plástico llenas de tilapia y una que otra mojarra en la superficie de las lanchas. Al llegar a tierra ya los esperan los que harán el corte para dejar listo el pescado y congelarlo para su venta.

Ante las inundaciones de finales de 1984 (la única vez en su historia que las aguas le han llegado hasta el tope, dice Chaparro), la presa Adolfo Ruiz Cortines fue reformada cuando la cortina se elevó en 4.5 metros. Fue en el Gobierno de Rodolfo Félix Valdés. La elevación de la cortina en 1986 afectó 698 hectáreas del ejido Conicárit. La superficie afectada se pagó a los ejidatarios 25 años después, a 800 pesos la hectárea. En cambio-para comparar- Cobre del Mayo liquidó de inmediato a los ejidatarios de Piedras Verdes a 28 mil pesos cada hectárea del terreno que ocupa.

El pueblo se desenvuelve entre sus historias valoradas por los habitantes y sus problemas recientes. Se trata de un pueblo orgulloso de sus raíces y de su propia historia. Recuerdan a su gente, sus muertos y la cultura que ese pueblo les dejó de herencia a través de sus abuelos. No esperan nada de nadie y ellos mismos se organizan para atender su problemática. Ni en Las Minitas dicen, tienen agua, y en Osobampo cerca de aquí el agua sale mezclada con sarro. El racionamiento del agua provoca una explicable impaciencia y el enojo de las mujeres del pueblo que deben cargar con las labores más pesadas por la ausencia del vital líquido.

El pueblo luce muy limpio y ordenado. La cultura del trabajo domina el ambiente y la gente sólo demanda atención. Hay que ayudarlos. El Mocúzarit es una de las varias formaciones culturales que distinguen a la región del Mayo. Hay que entenderlas y valorarlas.

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ANALISTA POLÍTICO