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Nazario Moreno, ‘El Chayo’, buscó presentarse como un líder espiritual y social e intentó justificar la
creación de
la Familia
Michoacana

Por Rolando Herrera
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- En un libro titulado “Me dicen ‘El Más Loco’”, Nazario Moreno González, “El Chayo”, intentó justificar la creación de “La Familia Michoacana” y buscó presentarse como un líder espiritual y social que pretendió el cambio en la sociedad y a quien el Gobierno desprestigió acusándolo de ser un peligroso narcotraficante.
Estos son algunos extractos del libro, editado en 2011, en el que, a manera de epílogo, se narra una épica batalla ocurrida entre el 8 y 9 de diciembre de 2009, en la que un escribano asegura que Moreno González fue abatido a balazos por los helicópteros de la Policía Federal.

El Más Loco
Yo nací el 8 de marzo de 1970, a las 5 de la mañana. Yo creo que por eso me ha gustado levantarme de la cama a esa hora, costumbre que tengo desde niño; es más, desde que tengo uso de razón. Invariablemente, al levantarme, me doy un baño de agua fría, esté donde esté.
Y a propósito de ese sobrenombre de “El Más Loco”, se me fue quedando desde chiquillo por las siguientes razones: Cuando se organizaba un jaripeo (...) yo quería, para ganarme el premio que consistía en unos cuantos pesos, jinetear cuanto toro, vaquilla, yegua o potrillo, ponían en el partidero (...) era tanta mi persistencia, que decían: “ese chiquillo está loco”.

Infancia pobre e infeliz
Mi familia y yo vivíamos una pobreza tan cruel y humillante, que todos andábamos vestidos de andrajos o de ropa de segunda que vendían barata en los mercados, aunque no fuera de nuestra talla. Cuando comíamos frijoles refritos con manteca era un lujo, pues lo común eran los frijoles de olla.
(...) mi madre, enérgica en exceso, seguramente amargada por el irresponsable abandono (de mi padre), nos trataba a golpes, a mí especialmente por inquieto y peleonero.
Insisto en poner de relieve la vida de mi niñez dentro de mi familia, porque creo que esa situación fue el crecimiento de mi forma de actuar en el futuro. Trabajo y cintarazos era lo rutinario. ¿Qué se podía esperar de un niño tratado de esa manera?

Imaginación desbordada
Según mis experimentos, saqué por conclusión que los que más se sugestionaban con mi mente eran los perros, las vacas, los caballos y algo, muy poquito, los chivos. Esos eran mis pasatiempos infantiles, y creía yo, era la forma de superarme para llegar a ser como Kalimán y poder hacer el bien a la humanidad.
De todas maneras, he de decir que no sé si por esos experimentos infantiles, o por algo natural, ahora de grande siento tener algo extraño en mí mismo que me hace comprender algunas cosas de los animales.

La ley de los puños
Yo tengo la ventaja de que cuando peleo ni los golpes siento, por lo que me dejo ir a lo loco. De pronto logré darle un tremendo puñetazo en la quijada, y cayó al suelo hecho un guiñapo. Yo también recibí lo mío, pues mi contrincante era bueno y fuerte, pero pudo más mi habilidad, entrenamiento y ejercicio que practicaba con mi hermano que los atributos de mi enemigo.
Desde ese tiempo tuve fama y respeto en las rancherías cercanas, pues decían que “estaba estudiando defensa personal por correspondencia” cuando yo no sabía ni leer. Pero a mí me convenía, pues me temían y no había nadie que me echara “brava”.

Mariguana en EU
Como yo no estaba para miedos, pues no había ido tan lejos para andar de correlón, me fui de inmediato al parque para vender mi mariguana, iniciar el negocio y hacerme de mi propia clientela (...) Al vender esa poca mariguana mis ganancias fueron de 925 dólares, de los cuales mandé a mi madre 329 dólares. A los pocos días me encontré con un paisano llamado Candi y durante un tiempo corto me ayudó en el negocio. Conste que la mariguana que yo vendía ya estaba en Estados Unidos, yo no la llevé para allá.
Pero la verdad, no era eso lo que buscaba, por lo que ingresé a trabajar a una empresa de jardinería especializada, donde recibía un salario de 3.25 dólares por hora.

El vicio del alcohol
A pesar de mi buena voluntad y esfuerzo por superarme y llevar una vida de orden, el vicio del alcohol me lo impedía, arrastrándome a una conducta antisocial y desordenada. De pronto, me di cuenta que había caído en el negro y tenebroso laberinto de los mundos fantasiosos y las alegrías sin sustancia.
(Un profesor) me invitó para que asistiera a un grupo de Alcohólicos Anónimos. Yo acepté de inmediato, ya que estaba consciente de lo mal que estaba haciendo y lo terriblemente mal que me sentía tanto física como moralmente.

La redención
Ese fue el tiempo en que me adentré en el estudio de las sociedades secretas a nivel internacional. Estudié la masonería. Me relacioné con grupos que profesaban ideales secretos de superación mundial con ramificaciones en muchos países.
También en ese tiempo fue cuando sentí el llamado de Dios, iniciando el estudio de La Biblia, como lo hacen los verdaderos teólogos, profundizando en el entendimiento de la vida, mensaje y filosofía del Maestro de Galilea.

La Familia Michoacana
El nombre de La Familia nació entre el 2000 y 2010, ya que les di ese nombre a los grupos que les daba terapia, a los que apoyaba y lideraba y a todas las masas que de alguna manera tenían relación conmigo. Decidí ponerle ese nombre ya que por definición la familia es un concepto que se refiere a un grupo homogéneo, a una misma clase social, a una cultura, tradición, misma sangre, mismo linaje, mismos intereses e iguales objetivos y metas.
Sin recordar con exactitud en que momento, fecha o razones, los medios de comunicación amarillistas al servicio del Gobierno, iniciaron la campaña de desprestigio diciendo que el grupo que yo dirigía era una bola de narcotraficantes y empiezan a atacarnos en todas formas y a quemarnos antes los ojos de la sociedad.

La falsa muerte del líder
Este último capítulo del Diario de nuestro comandante en jefe, Nazario Moreno González, lo escribo por decisión de todos los jefes de grupo, por creer ellos que yo soy el que mejor interpretaba el ideario del líder y por tener más conocimientos en el arte de la escritura.
La batalla era impresionante y los estallidos de armas hacían eco en las cañadas cercanas. Por ser nosotros menos que los enemigos parecía que se repetía la batalla de las termópilas entre los espartanos y los invasores persas.
De pronto los helicópteros, en formación de retirada, se alejaron, algunos maltrechos a simple vista. Al hacer el recuento de nuestras bajas y pérdidas, descubrimos con inaudito dolor y angustia, que Chayo había sido muerto por la metralla haciéndolo pedazos.
Recogimos su cuerpo y lo llevamos al campamento secreto, en donde de acuerdo con sus instrucciones, lo incineramos y lanzamos porciones de ceniza a los cuatro puntos cardinales, tal y como nos había dicho muchas veces en pláticas que teníamos tomando café por las noches de luna en nuestro campamento.