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Octavio Chávez Peñúñuri

Segunda parte

En México se cuenta con fundamentos macroeconómicos sólidos lo que permite anticipar una mayor actividad económica y mejores perspectivas de crecimiento. Especialmente, se puede observar una evolución positiva en los aspectos que enseguida se muestran y que contribuirán a lograr un mayor dinamismo de la economía:
La gran cantidad de reservas internacionales, que nos permiten proteger ante eventuales problemas de liquidez
Es satisfactorio saber que las reservas internacionales del Banco de México están en su máximo histórico (181 mil millones de dólares). Asimismo, de manera adicional, nuestro País cuenta con una Línea de Crédito Flexible con el Fondo Monetario Internacional por alrededor de 72 mil millones de dólares.
El sano financiamiento del déficit externo, que se encuentra en niveles que son comparativamente más bajos respecto a otras economías emergentes.
Se afirma que el moderado déficit de cuenta corriente no representa riesgo para la economía ni para el mercado de cambios, toda vez que la Inversión Extranjera Directa (IED) continúa en niveles más que suficientes para financiarlo, en una relación de poco menos de dos a uno. Además, el déficit en nuestra cuenta corriente (1.8% del PIB) es significativamente inferior que el de otras economías emergentes, como Turquía o Sudáfrica el cual supera el 6% o el de Brasil, Indonesia y Colombia que es de alrededor del 3 por ciento.

El adecuado endeudamiento público de México que nos distingue en la comunidad internacional
Nuestro País es uno de los que cuenta con menores necesidades de refinanciamiento durante 2014. La deuda del sector público equivale al 38% del PIB, inferior al promedio de América Latina y representativamente menor al de los países de la OCDE. Además, el plazo promedio de la deuda mexicana es mayor a los 8 años reflejando la confianza de los mercados internacionales en la economía del País en el largo plazo, característica singular entre los mercados emergentes. Por último, más del 80% de nuestra deuda está nominada en pesos mexicanos, lo cual disminuye el riesgo cambiario.
Los elementos mencionados le dan solidez a la economía del País y le permiten hacer frente a las condiciones internacionales que existen hoy en día. Desde el pasado mes mayo de 2013 comenzó a hablarse de un recorte en los estímulos extraordinarios de la política monetaria de los Estados Unidos (EU), que se aplicaron a partir de la crisis económica y financiera de los años 2008-2009. Dicha medida, denominada tapering, tiene un efecto favorable de fondo para México porque es signo de una recuperación económica de nuestro principal socio comercial. Empero, también representa un reto para nuestro país, debido al ambiente de volatilidad financiera que se ha originado y que ha afectado a las economías emergentes principalmente.
Cabe señalar que el recorte del estímulo monetario ha tenido como consecuencia aumentos en los niveles de las tasas de interés de largo plazo de EU. Esto ha originado que muchas inversiones comiencen a emigrar de las economías emergentes hacia las economías desarrolladas, generando en las primeras volatilidad financiera así como una liquidez menor.
Ante este panorama, los mercados internacionales han diferenciado a nuestro País por sus fundamentos macroeconómicos con respecto a otros países emergentes. Esta situación se puede comprobar mediante dos indicadores clave, que son el tipo de cambio y el riesgo soberano. En lo que corresponde al tipo de cambio, se puede ver una moderada depreciación del peso, de tan solo 3.5% desde enero de 2013, por abajo de la registrada en países como Brasil (14.6%), Colombia (15.5%), Turquía (23.9%) o Sudáfrica (26.6%).
Asimismo, conviene mencionar, que el riesgo crediticio de México ha continuado en niveles iguales a los de enero del año 2013, a pesar de la volatilidad que han tenido otras naciones emergentes, gracias a la fortaleza de la moneda mexicana, la cual es representativa del alto nivel de estabilidad de nuestra economía; en tanto que la estabilidad del riesgo país es fiel reflejo de la confianza en el desempeño de nuestra economía.
Así, tanto la solidez macroeconómica, el manejo responsable de las finanzas públicas, las perspectivas de crecimiento y las reformas estructurales emprendidas por esta Administración, le han dado a México estabilidad y reconocimiento internacional. Un ejemplo de ello es el aumento en la calificación crediticia otorgado por Moody’s durante en el pasado febrero, que por primera vez ubica al País en el rango de las “A” convirtiéndola, en la segunda economía de América Latina –después de Chile-, en logra ese nivel.
Durante este último año, uno de los aspectos más reconocidos por la comunidad internacional, es la histórica agenda de reformas estructurales que ha impulsado el Presidente de la República, contando con el apoyo mayoritario del H. Congreso de la Unión, y que tiene como común denominador, el aumento de la productividad en beneficio de todos los mexicanos. Estas reformas nacieron como una respuesta a la necesidad de incrementar los bajos niveles de productividad del País que se observaron en los últimos 30 años y que han sido el principal obstáculo para que México pueda crecer a tasas más altas de forma sostenida.
De esta manera, la Reforma Energética permitirá la disminución del precio de la energía, haciendo más competitivas a las empresas mexicanas. Por su parte, la Reforma Financiera ofrece un mayor acceso al crédito, a mejores condiciones, en beneficio de las familias, de las pequeñas y medianas empresas, además de un mayor impulso para la banca de desarrollo. En el caso de la Reforma en Telecomunicaciones, se busca bajar el costo de la tecnología de información, darle mayor calidad y cobertura; en tanto que la Reforma de Competencia Económica fomenta una mayor innovación e insumos de mejor calidad y precio para toda la economía.
Por otra parte, se espera que con la Reforma Hacendaria se reduzcan los costos de la formalidad y se fortalezca la capacidad del Estado para desarrollar infraestructura en beneficio de las familias del País. La Reforma Laboral flexibiliza el mercado de trabajo e induce mayor productividad de la mano de obra. Por último, la Reforma Educativa coadyuva a la formación de capital humano para que éste sea más productivo.
En conclusión, en 2013, se observa que se envió una clara señal de que nuestro País se está transformando para bien de todos los mexicanos. De esta manera, para 2014 el reto es implementar con éxito las reformas estructurales aprobadas, las cuales nos permitirán elevar la productividad durante los años siguientes para así asentar las bases de un mayor crecimiento económico sostenido en el mediano y largo plazo.
El positivo manejo de la política económica y de la deuda pública en México, así como la aprobación de las reformas estructurales, que tendrán un impacto que transformará la economía, se traducen en una mayor fortaleza ante un entorno internacional volátil. Ello permitirá potenciar el crecimiento económico del País, con el objetivo de que esto se traduzca en mejores niveles de vida para todas las familias de México.

Muy buenas intenciones, pero respetuosamente preguntamos, ¿Ustedes que opinan amables lectores?