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Jorge Islas

El próximo domingo 23 de marzo se cumple el vigésimo aniversario del homicidio de Luis Donaldo Colosio. Desde entonces a la fecha, se han derramado litros interminables de tinta y se han publicado kilómetros de rollos de papel, para documentar, explicar y en algunos casos justificar, lo que sucedió en Lomas Taurinas, lugar en donde un “tirador solitario”, decidió cambiar su vida por la del entonces candidato del PRI a la Presidencia de la República, al accionar un revolver en dos ocasiones, logrando impactar el cuerpo del que fue considerado un candidato sacrificado, que quiso o que al menos intentó con ideas y propuestas cambiar al antiguo régimen político (autoritario y de partido hegemónico), a un nuevo sistema de gobierno democrático y constitucional de corte liberal, con un sistema de partidos plural y competitivo.
El caso Colosio está juzgado históricamente, con independencia de lo que diversos fiscales, peritos y jueces resolvieron técnica y legalmente en el expediente. Da la impresión que la verdad jurídica es diferente de la percepción social sobre el tema. Como sea, ahora se presenta una buena oportunidad para dejar del lado la nota roja, para hacer una valoración y reflexión de lo que Colosio fue, de lo que pensó y trabajó para el país que quiso gobernar, sobre la base de un nuevo acuerdo, con nuevas reglas para el ejercicio del poder público, que pienso sigue vigente en algunos temas, que son fundamentales para consolidar la gobernabilidad democrática y funcionalidad institucional que demanda nuestro pluralismo político.
La influencia que tuvo Colosio para fijar temas en la agenda de la transición a la democracia, por tiempos se dio en el sexenio de Carlos Salinas, en donde se desempeñó como presidente del PRI, senador, secretario de desarrollo social y candidato a la presidencia de la república. Creo que su mayor aportación a la transición fue el impulso que dio a la creación de nuevas leyes e instituciones para favorecer el pluralismo político y la instauración de un sistema electoral más competitivo y en consecuencia, el establecimiento de un sistema político con mayor legitimidad, en cuanto al acceso al poder se refiere.
Es obvio que fueron diversos actores, con diversas propuestas, en diversos momentos los que han contribuido a que nuestra democracia electiva, sea menos cuestionada por posibles actos de defraudación electoral, pero en justicia y con objetividad, se debe reconocer la aportación de Colosio en estos temas. Con sus ideas, pero también con sus acciones, dado que hacia dentro del PRI, habían posiciones que por razón de cultura o cinismo, creían que las elecciones era cosa de balazos y no de votos. El extinto líder de la CTM, Fidel Velázquez, solía decir que los revolucionarios llegaron al poder por vía de las balas, y que sólo con balas saldrían del poder. Y su predicción se cumplió.
Lamentablemente la intolerancia y la impaciencia de alguien, de algunos o de muchos no le dieron la oportunidad para impulsar una agenda de reformas que había ofrecido en caso de ser electo Presidente, para crear un nuevo arreglo constitucional, con el fin de hacer más democrático el ejercicio del poder público. De éste esfuerzo únicamente tenemos un discurso y una voluntad que dejó como testimonio y reflexión para futuras reformas y generaciones.
Qué ironía tan cruel que la bala que cruzó por su cabeza, también cruzó por el corazón del antiguo sistema político. Con la muerte de Colosio, también murió el viejo régimen, el que Colosio quiso cambiar.