Por Mario Rivas Hernández

Colosio: La efeméride de los 20 años


CONFIESO QUE NO HABRÍA cobrado conciencia. Para mí, seguía siendo un hecho reciente. Lo tenía --lo tengo-- siempre presente. Siempre en la memoria. Siempre el recuerdo fresco.
Como si hubiera sido ayer.
Y no me daba cuenta o no quería darme cuenta, que el tiempo transcurría, inexorable, y con ello nuevas generaciones llegaron a poblar este País y este planeta.
Arribó la generación del internet. La tecnología lo cambio todo. Incluso, hasta un nuevo lenguaje llegó a formar parte de nuestra vida cotidiana.
Esas generaciones, es una referencia nebulosa, un nombre, si acaso un rostro que le pertenece a la historia y a las generaciones más antiguas.
ESTO LO ACABA DE CONFIRMAR Consulta Mitofsky, que nos presenta el increíble resultado: Los jóvenes que no conocieron a Colosio en vida, hoy lo ven como un político “bien parecido”, y lo describen, en su personal percepción, como alguien que supera al resto de los políticos de su época y de aquellos que le sucedieron.
Nadie conoce el ideario político del sonorense. Nadie vislumbra si hubiese sido un buen presidente. A nadie parece interesarle si fue un buen padre de familia y un buen esposo.
Sólo la foto, sólo la personalidad del candidato sacrificado una tarde de marzo de 1994 en una colonia empobrecida desparramada sobre un lomerío de Tijuana.
Hoy, según Mitofsky, Colosio es un mito para las nuevas generaciones que no contemporizaron con él.
Y sin embargo, hoy, más que nunca, para los estudiosos del sistema político mexicano, Luis Donaldo Colosio es un tema a analizar, a desentrañar, más allá de los rumores, más allá de la leyenda popular que desvirtuó los hechos de Lomas Taurinas por obra y gracias de una investigación tortuosa y a veces manipulada.
He comentado con usted hasta el hartazgo, que fui uno de los dos únicos periodistas de provincia que cubrieron de principio a fin la campaña del candidato del PRI a la Presidencia de la República, en 1994.
Una campaña que inició el 10 de marzo y culminó trágicamente la tarde del 23 de marzo de ese año.
La otra persona que compartió conmigo este irrepetible privilegio, fue la hoy exitosa consultora GISELA ARRIAGA.
Los dos de Sonora. Los dos comprometidos con la causa colosista, más allá del compromiso profesional.
He relatado aquí el denso y sombrío ambiente que cubrió la campaña de Colosio en las primeras semanas.
Quizás a mí me impactó más porque viví esta atmósfera desde las entrañas del periodismo acreditado al equipo del candidato.
Todos los periodistas, fotógrafos y camarógrafos --más de 200-- eran medios del Distrito Federal.
De radio, de la televisión, de la prensa escrita. Y sólo Gisela y yo éramos de provincia. “Los sonorenses”, nos decían. Eran unos cuantos los que sabían nuestros nombres. No les interesaba el hecho de que ambos estuviésemos en la campaña por instrucciones directas del candidato.
De hecho, esta condición nos hacía menos simpáticos a los ojos de un grupo de periodistas distritofederalenses, molestos --por decir lo menos-- porque el candidato no había sido MANUEL CAMACHO SOLÍS.
Me apena decirlo: Pero todos ellos habían sido beneficiarios de los dineros de la Ruta 100, que fue la caja chica --mejor dicho, grande-- de Camacho Solís como Jefe de Gobierno de la Ciudad de México.
Ellos habían disfrutado de la generosidad del Jefe de Gobierno, durante más de cinco años.
Les habían hecho creer que el candidato del Presidente Salinas era Camacho. Que estaba pactado desde mucho tiempo antes.
Para ellos --y sobre todo para Camacho-- fue una sorpresa infartante la noticia del destape del sonorense aquella tarde-noche del 28 de noviembre de 1993.
Pues sí: De todo esto he platicado con mis dos que tres lectores.
De mis fugaces encuentros con Colosio. De mi última charla con él, en el aeropuerto de La Paz, Baja California Sur, apenas 7 horas antes de que fuese asesinado en Tijuana.
De la entrevista prometida desde hace cinco años antes, en Palacio de Gobierno de Hermosillo, mientras él estaba formado en la fila del “besamanos” con motivo de un informe de Gobierno de RODOLFO FÉLIX VALDÉS.
Aquella promesa reciclada, días después, en una comida que le ofrecieron en el Club de La Casita, Navojoa.
--Mejor vete a México, allá la hacemos-- me dijo, sin agregar nada más.
POR ESO TAL VEZ NO se me ocurrió nada más que decirle: “Tú me debes una entrevista hace cinco años”, cuando me entrevisté con él en el lobby del hotel Calinda, de Pachuca, Hidalgo, en enero de 1994.
--¡Uuuuú!-- murmuró.
En esos momentos instruyó a ADALBERTO VILLAESCUSA para que me incorporaran a la campaña.
MI INICIO NO FUE COMO yo esperaba que fuera. Fue trastabillante pero para bien: Por cuestiones de sabrá Dios qué intereses, me incorporaron al área de los invitados especiales.
Aquel primer vuelo no lo hice en el avión de la prensa, sino en el de los invitados especiales. Me sentía extraño en un avión donde viajaban empresarios multimillonarios --como MIGUEL ALEMÁN VELASCO, por ejemplo-- algunos de los cuales me daban un trato diferente porque creían que yo era del círculo de amigos de Sonora del candidato.
Tan irregular fue aquel inicio, que al llegar a Minatitlán, en Veracruz, ANGÉLICA LUNA PARRA, amiga de Colosio, se hizo de palabras con la gente del Estado Mayor Presidencial, porque no me permitieron abordar el autobús de los invitados especiales.
--Es que aquí no aparece ese nombre, señora-- le decían.
--¡Pues me vale! Él es amigo del candidato, hizo el viaje con nosotros y con nosotros se sube al camión!-- increpaba la brava mujer, que después, con ERNESTO ZEDILLO, sería directora del DIF.
Tuve qué intervenir para que se calmara y me fui a un camión que decía “Prensa”.
Pero no era el de los periodistas sino el de los fotógrafos y camarógrafos. Ahí conocí a un tipo genial, que usaba una prótesis en una pierna y hacía un ruido descomunal al desplazarse con rapidez por el pasillo del camión. Se llama MARIO DÍAZ CANCHOLA. En ese momento era fotógrafo de El Financiero. Después lo fue de PERIÓDICOS SONORENSES, gracias a su rompimiento con el director del periódico.
(A mi tocayo le decían simplemente “Canchola”. Y la razón por la que una mañana fue a mi cuarto a preguntarme si todavía estaba en pie mi propuesta de que tomara fotos para mí, fue que en la campaña estaba acreditada su novia, una chaparrita de Excélsior, de buen ver, pero que literalmente lo traía “cacheteando el pavimento”. Él necesitaba estar acreditado en algún medio para mantenerse en la campaña y estar cerca de su chica. Yo fui su tabla de salvación. Por cierto, me dio mucho gusto cuando supe que “Canchola” se había incorporado a Los Pinos como fotógrafo del Presidente Zedillo).
HOY, CUANDO ESTÁN por cumplirse 20 años de la tragedia de Lomas Taurinas, veo con tristeza que no hay muchos foros que realmente rescaten los aspectos esenciales del político que fue Colosio.
Durante estas dos décadas, he tenido acercamientos con personas que estuvieron cerca de Luis Donaldo.
Lo mismo en el ámbito de la política que en el de lo familiar.
En su momento --en tiempos de Zedillo-- sostuve algunas entrevistas con GUILLERMO HOPKINS GÁMEZ, su amigo de la niñez.
Precisamente hace unos días, Durazo Montaño y AGUSTÍN BASAVE, presentaron un libro sobre Colosio.
No conozco el título y consecuentemente no he leído el libro.
No he visto ningún foro en la televisión sobre Colosio, salvo la charla habitual de los viernes en el programa matutino de BROZZO, con ENRIQUE JACKSON, IGNACIO MARVAN, RAFAEL CARDONA y el panista JUAN JOSÉ RODRÍGUEZ PRATS.
Me gustó más de lo que yo hubiese imaginado.
PORQUE, A CONTRAPELO DE lo que se estila en la política, en este foro se habló del “hubiese”.
Por ejemplo: “Si Colosio no hubiese muerto, no habría error de diciembre. Él hubiese ratificado a PEDRO ASPE ARMELLA en Hacienda. Zedillo no lo ratificó por celos de economista”, palabras de Rodríguez Prats.
Yo me quedé con algunos puntos interesantes de este foro. A saber:
“Salinas en su libro “Un camino difícil hacia la modernidad”, se refirió al asesinato del Cardenal JESÚS POSADAS OCAMPO, y dijo que fue su mejor aliado en el proceso para integrarnos al Tratado de Libre Comercio”.
Por supuesto: se cuestionó el hecho de que un sacerdote fuese cabildero a ese nivel en asuntos de negocio y de comercio.
“Con la muerte del Cardenal Posadas, empezó la descomposición del sistema político mexicano. Con Colosio se desbordó la presidencia de la República y Salinas se manchó para siempre en la historia por no haber puesto controles al manoteo en las investigaciones del homicidio”.
Verdad de verdades.
Se habló de la traición de Zedillo al PRI. ¿Traicionó realmente al partido o simplemente no quería ser parte orgánica en momentos tan trágicos para el instituto?
Yo creo que hay algo de ambas partes.
Su primer y más grande error --algunos le llaman traición-- fue haber nombrado a ANTONIO LOZANO GRACIA Procurador General de la República.
Eso lo dijo Cardona y yo estoy de acuerdo.
A LO LARGO DE LOS ÚLTIMOS 20 años, he conocido, a través de amigos suyos, aspectos íntimos de su vida. Su bohemia, entendida en el mejor sentido: le gustaba la música, le gustaba cantar, bebía como cualquier persona, con sus amigos más selectos.
Sabía tocar la guitarra y esto era algo que le encantaba a GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ.
Pero no lo hacía con cualquiera.
Era, pues, un hombre de carne y hueso. Era temperamental en su trabajo y exigente con sus colaboradores. Era rudo, lo describe Enrique Jackson.
“Pero también: Sabía ser cálido con sus amigos”, matiza.
Por último: ¿Tengo por qué dudar de que su muerte fue obra de un asesino solitario?
Algunos dirían que no.
¿Tengo por qué dudar que su muerte fue obra de una conspiración?
He ahí la cuestión.
Hay dos juicios: Uno es jurídico y es caso cerrado.
El otro, es el juicio popular.
Y aquí no hay reversa.
En fin.
Es todo.
Le abrazo.