Por Gerardo Armenta B.


+Cuesta de Enero
+...hasta Marzo


Por lo visto, esta vez la tradicionalmente bien llamada cuesta de enero no se agotó junto con el primer mes del año. Sus efectos siguieron campantes hasta marzo. No quiere decir lo anterior que abril será terreno vedado para la curiosa manifestación económica que empieza a golpear con fervor los bolsillos populares apenas se le canta el réquiem al reconocido como Año Viejo.
La cuesta de enero forma parte de alguna manera de lo que bien puede entenderse como el todo existencial y hasta cultural de los mexicanos. Nadie, sino al contrario, aplaude y dedica vítores a la existencia de esta costumbre por la que en enero es común que propios y extraños sufran las de Caín al comenzar el Año Nuevo con su cauda de realidades monetarias adversas que es común traiga consigo.
Durante mucho tiempo se aceptó enfrentar en lo que cabe los rigores de la cuesta de enero con mayor o menor templanza existencial. Bien se quiso creer siempre que esos efectos no pasarían más allá del primero de los meses del año. Por ello, se confiaba en que la situación imperante terminaría por componerse a las primeras de cambio.
Pero he aquí, dicho sea al tenor de una evidencia que pudiera prestarse para la incredulidad, que en esta ocasión la cuesta de enero se extendió hasta marzo, y con posibilidades de seguir hacia delante con su marcha incontrolable. EL INFORMADOR DEL MAYO consultó a un grupo de hombres y mujeres que sin mayores titubeos señalaron las complicaciones económicas que todavía se padecen a pesar de que la cuesta aludida hace buen tiempo que debió superarse.
Cabe entender que no es así. Asumirlo de esta forma no es algo que resulte fácil. Pero realmente poco o nada puede hacerse ante la contundencia de los hechos. Que la cuesta de enero haya llegado en estas alturas hasta el mismo marzo no es algo que deba provocar los parabienes de nadie. Lejos de esta complacencia, habría que preguntar por las razones que propiciaron tal descompostura.
En efecto, "desde que entró el presente año las cosas han estado más difíciles que en otros, porque antes la crisis duraba hasta enero y ahora se ha sentido más larga la cuesta", dijo una de las personas entrevistadas al respecto.
Es sumamente ingrato que ahora los problemas económicos que tradicionalmente presentaba de suyo un mes como enero, hoy amenacen con extenderse hasta abril y una buena parte del calendario anual que falta todavía por cumplirse.
Convendrá esperar que las cosas no lleguen a perfilar mayores complicaciones. En este marco podría reconocerse que la cuesta de enero llegó a perder la demoledora significación que mostró durante mucho tiempo. Tolerable o manejable en años recientes, todo permite suponer que ha recobrado la firmeza de su agresión hacia los sectores sociales que más resienten su embate en función del poder adquisitivo que les distingue, con el añadido que en esta ocasión sirvió para impulsarla mucho más allá del mes prototípico suyo, algo sin duda inconveniente por donde quiera ser visto.
La carestía que se registra en esta difícil coyuntura ha propiciado que medio mundo se vuelva más cuidadoso con sus gastos, como igualmente expresó otras de las personas que participaron en el trabajo periodístico de que se habla. Esta carestía es inédita porque simplemente nunca antes se había visto algo parecido. Salió a relucir el caso del limón, el cual, se dijo, "ya cuesta más caro que la carne".
El anterior no deja de ser un dato inquietante aunque fácilmente se podría complementarlo con otros muchos más. Es claro que en una perspectiva concreta o general este asunto tiene que mover a la preocupación. Todo mecanismo inflacionario (y la carestía es precisamente eso) lesiona los pronósticos económicos más favorables, si es que no termina por destruirlos.
Aceptemos que la cuesta de enero tradicionalmente solía impactar cuando sólo se constreñía al mes de su definición. Desbordada más allá de ese perímetro terminará por castigar económicamente con mayor ímpetu, hecho que no es deseable bajo ninguna circunstancia.