Leo Zuckermann

¿Por qué les vale un pepino la educación pública?

Me llama la atención el poco interés que ha suscitado en los medios de comunicación los escandalosos resultados del censo educativo realizado por el INEGI. Parecería que a los mexicanos nos interesa un pepino la educación pública. Mientras se debate con amplitud y pasión el caso de un líder priista del Distrito Federal que presuntamente utilizaba al partido para regentear a un grupo de prostitutas, se pasa por alto el lamentable estado de muchas escuelas públicas en el País (sin electricidad, agua, drenaje, baños y teléfonos) y los miles de maestros que cobran pero que extrañamente no se encuentran en su centro de trabajo.
¿A qué se debe que no veamos más investigaciones periodísticas, columnas, editoriales, comentarios o debates sobre la terrible situación de la educación pública en México?
Supongo que tiene que ver con que muchos periodistas, columnistas, editorialistas, comentaristas y conductores mandan a sus hijos a escuelas privadas. Ergo, como no les afecta directamente, le ponen poco interés al asunto. Me recuerda algo similar a lo que algún día me dijo Andrés Lajous, experto en desarrollo urbano. Me enseñó como los medios hablaban más de los problemas del tráfico que de la lamentable situación del transporte público en la capital. Lo atribuía, con razón, a que la mayoría de los periodistas y comentaristas tenían coche. De ahí su sesgo a describir y analizar los problemas que se encontraban cuando conducían sus automóviles a los que sufría la mayoría de la gente en los transportes públicos.
El censo educativo levantado por el INEGI muestra que la mayoría de las escuelas en México son públicas: el 86.4 por ciento de los planteles de educación básica (primaria y secundaria). No obstante, en el Distrito Federal sólo representan el 51.8%. Estando los medios nacionales en la capital, la probabilidad de los trabajadores de los medios de enviar a sus hijos a una escuela pública es, por tanto, del 50 por ciento. Si a eso le sumamos que los periodistas y comentaristas son en general de clase media para arriba, me atrevería a decir que la gran mayoría de ellos envía a sus hijos a escuelas privadas. La consecuencia es que le dan poca atención y le dedican pocos espacios a los problemas de los planteles públicos.
Ocurre, entonces, que los problemas no parecen ser tan graves como son. Y vaya que lo son. Estamos hablando de un desastre nacional. Después de ver los resultados del censo educativo me atrevería a decir que se trata de uno de los grandes fracasos de los gobiernos post-revolucionarios.
No sólo debemos culpar a los gobiernos estatales que son los responsables de la educación después de su descentralización en 1992. También es culpable la Secretaría de Educación Pública (SEP) Federal. Tan sólo hay que ver los desastrosos números que tiene el Distrito Federal, única Entidad donde no se descentralizó la educación y que por tanto sigue siendo administrada por la SEP. Mal administrada, habría que decir. Pongo un ejemplo.
La Ley General de Contabilidad Gubernamental ordena a las entidades federativas entregar trimestralmente a la SEP “el número total del personal comisionado y con licencia, con nombres, tipo de plaza, número de horas, funciones específicas, claves de pago, fecha de inicio y conclusión de la comisión o licencia, así como el centro de trabajo de origen y destino”. Esta información se debe publicar en internet. Resulta que en el DF, de acuerdo a los datos oficiales, no hay ni un sólo maestro comisionado o con licencia sindical. Cero. Pero en el censo levantado por el INEGI encontraron mil 661 empleados comisionados o con licencia sindical en el DF. ¿Por qué nos están mintiendo?
A estos empleados hay que sumar otros 12 mil 613 que renunciaron, se jubilaron o fallecieron pero que siguen cobrando, más 6 mil 338 que cobran pero que se desconoce su existencia en el centro de trabajo (presuntos aviadores) y 13 mil 393 que supuestamente laboran en otro lugar. Un total de 34 mil empleados en la mismísima capital del País, administrados por la SEP, que cobran pero no trabajan en la educación.
Dígame si no debemos escandalizarnos frente a estos presuntos fraudes que se comenten a diario en la nómina educativa y que tienen postrada a la educación pública de este País. Pero a lo mejor a usted no le importa porque igual sus hijos van a escuelas privadas y, aquellos pobres que tienen que recurrir a los planteles de Gobierno, pues que se jodan…

Vacaciones
El autor de esta columna se tomará unas vacaciones por lo que Juegos de Poder volverá a publicarse hasta el miércoles 23 de abril.
Twitter: @leozuckermann