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Por Any Cárdenas Rojas
Colaborador / TRIBUNA
Cuando María, la hermana de Lázaro, se inclina ante Jesús para ungirle los pies con perfume de nardo puro y enjuagárselos enseguida con su propia cabellera, estaba haciendo un acto de humildad. Cuando Jesús se quita sus vestidos y se ciñe una toalla para lavar y secar los pies de sus discípulos no estaba actuando de otra manera sino con humildad. Quizá conocemos muy bien la teoría de la humildad; qué es, en qué consiste, pero la olvidamos fácilmente. Necesitamos modelos y ciertamente, los tenemos: San Francisco de Asís, Santa Bernardita, la vidente de la Virgen de Lourdes, Santa Catalina de Siena. Pero es en Jesucristo en quien la humildad experimenta su plenitud: ya no es el hombre sino Dios mismo el que la hace suya y se identifica con ella.
Cuando nos arrodillamos ante un sacerdote durante la confesión, para recibir la bendición o ante Jesús Sacramentado, no realizamos ahí sólo un acto de humildad sino un acto de verdad también, ya que creemos que el sacerdote hace las veces de Cristo, escucha y perdona en su nombre, y creemos también en la grandeza de Dios escondido en la sagrada hostia.
Somos humildes cuando nos bajamos a los pobres para honrar en ellos el gran de amor de Dios hacia todos y no por simple humanitarismo.
Tal vez nos parece raro ver a Jesús realizando tal acción, pero el ponerse al servicio de los demás es algo que debemos hacer todos para hacer una cadena que no termine.
Sabemos que cuesta trabajo hacerlo, pero el hacerse pequeño ante los demás es hacerse grande a los ojos de Dios. Nuestra misión consiste en servir a los que nos rodean, tal vez nos suena algo raro, pero es una tarea que dura toda la vida. Debemos ofrecer nuestros servicios por el bien común y no por esperar algo a cambio, porque cuando esperamos algo, entonces nuestra labor pierde el sentido de todo.
¿Qué diferencia hay entre una buena obra y un servicio? Un servicio es por el que se paga y una buena obra sabemos que Dios es quien nos premia con bendiciones cuando ofrecemos lo que tenemos de corazón. No hay nada más feliz que saber que cumplimos con nuestros deberes.
Estamos en el mundo como pasajeros, debemos tener presente que el ayer no lo podemos regresar, cada minuto que pasa no lo podemos detener, es como querer embotellar todo el aire del planeta, no podemos, pero lo que sí podemos es sentir la presencia de Dios en nuestras vidas. Es algo que algunas veces no sabemos expresar, algunas veces sentimos muchas ansias, otras veces sentimos como algo que se mueve dentro de nuestro ser, algunas veces más nos sentimos muy alegres. En fin hay diversas formas de sentir que Dios se hace presente en nuestras vidas.
Algo tan raro, es que cuando va a iniciar la Cuaresma con el Miércoles de Ceniza, justo ese día algunos pueden sentirse de otra manera, pueden sentir algo especial, con un aire caliente como si quisiera anunciarnos que estamos entrando a una nueva etapa para prepararnos. Y hoy que ya nos encontramos en este día especial como lo es el Jueves Santo, reconocemos que somos frágiles, reconocemos la necesidad de estar con Jesús y acompañarlo en este día que estamos viviendo. Ya que, en la víspera de su muerte, Jesús lavó los pies de sus discípulos con mucho amor y humildad y les dijo:
"Hago esto como un ejemplo para ustedes, para que lo hagan también unos con otros, como yo lo hago por ustedes". ¡Que humildad, que ejemplo de servicio, de bondad! Jesús nos enseña por este gesto no nada más a ser humildes sino a ponernos al servicio de los unos por los otros con amor y dulzura.
Nos enseña a ponernos espiritualmente de rodillas frente a nuestros hermanos y hermanas, especialmente de los más pobres. ¿Qué intenta transmitir Jesús en la proximidad de su muerte? ¿Qué pretende hacer como enseñanza en las últimas horas, cuando ya no queda mucho tiempo? Revela, nuestro deseo de perdonar y de ser perdonado, de servir con humildad, de volvernos pequeños, más pobres. Así lavarse los pies unos a otros se vuelve para cada uno, una oración.
Si no siempre podemos comer en la misma mesa eucarística con nuestros hermanos y hermanas de otras confesiones, nosotros podemos estar profundamente unidos los unos a los otros viviendo juntos el lavado de los pies. No dejemos escapar ningún detalle de este día, dejemos atrás lo que la gente pueda comentar sobre nosotros, expresémosle eso que llevamos y que tenemos en nuestro corazón. Dejémonos amar por Jesús, hoy es nuestra oportunidad.

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