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Rosaura Ruiz

En temas tan relevantes para la sociedad como los transgénicos, el debate no puede darse exclusivamente en el terreno científico. Lo político siempre cuenta, pero en este caso es indudable que se debe ser más cauteloso para no confundir el beneficio económico de las empresas que los producen y comercializan -muchas veces en detrimento de los derechos de los campesinos y sin respeto a las variedades que estos han producido en miles de años- con la discusión sobre si son peligrosos como alimento o si pueden provocar daños a la biodiversidad.
Lo anterior no es sencillo. El proceso mismo de la investigación no es éticamente neutro. No lo es, puesto que tanto la selección de los problemas que aborda una investigación, como la evaluación de los resultados pueden estar sujetos a presiones extracientíficas, comerciales, religiosas, políticas o ideológicas. Conscientes o no.
Puede haber conflictos en especial para quienes trabajan al servicio de entidades que tienen intereses políticos o económicos. Sin embargo, pueden estar sustentados también en cuestiones ideológicas sin que necesariamente haya un interés económico involucrado.
El paradigma de este tipo de conflictos es el famoso caso Lisenko. Recordemos que el estalinismo sostenía que el material hereditario (genes) no podía existir, pues la forma en que lo definían los científicos era totalmente incompatible con las leyes de la dialéctica de la naturaleza de Engels (manipuladas por el propio estalinismo).
La aplicación en la agricultura de esta concepción, llevó a graves problemas alimentarios y a un tremendo atraso en el desarrollo de la genética en la URSS.
Un caso distinto es el de Ernst Haeckel, el gran difusor del darwinismo, a quién se le acusó de fraude por las imágenes con las que intentaba demostrar que los embriones de vertebrados son muy similares en las primeras etapas de desarrollo.
Se decía que modificó dichas imágenes para hacerlas acordes a su visión evolucionista. La Historia ha demostrado que esto no ocurrió y que una de las grandes pruebas de la evolución las provee el desarrollo embriológico. Lo único de lo que se podía acusar a Haeckel era de ver a la naturaleza a la luz de una visión que revolucionó al mundo.
A veces no es fácil distinguir entre las diferentes situaciones en que se desarrolla el trabajo científico. Incluso revistas como “Science” o “Nature”, se ven en la necesidad de retractar artículos en los que se ha producido claramente fraude o se han manejado resultados basados en visiones sesgadas.
Es gracias a lo colectivo de su trabajo, que la comunidad científica puede ir definiendo cuales son las explicaciones más adecuadas. Al publicar sus resultados y conclusiones los científicos ponen las propias teorías y metodologías bajo el escrutinio de pares. Actualmente, en México y en todo el mundo, muy distinguidos y respetables científicos mantienen, con toda legitimidad, posturas completamente encontradas. Así es la ciencia. Sólo por la vía de la discusión colectiva, y con la aportación de mayor conocimiento, se podrá lograr claridad en un tema tan crucial como el de los transgénicos.