Por Federico Osorio Altúzar


Feliz reencuentro del Presidente con los sonorenses



Los sonorenses están de plácemes tras la vista del Primer Mandatario, Enrique Peña Nieto, a tierras de los Obregón, de los Elías, de los Yaquis y de las remotas comunidades en zonas marginadas. Ecos de su visita llegaron, con la calidez propia de una gira relámpago, impuesta por las circunstancias, hasta las agrestes serranías en donde se localizan indígenas Pimas y Guarajíos en Santana, Yécora y el Talayote.
Casi un año y medio es bastante tiempo y a la vez un lapso amplio y suficiente para el reencuentro de referencia. Resulta mucho cuando hay de por medio oídos que no escuchan a la población y cuando hay ojos que no miran las demandas que más apremian entre los mandantes o gobernados.
Sin embargo, los meses y los días se acortan y reducen si la falta de presencia física se suple con la asistencia puntual, en tiempo y forma; es decir, si ocurre con eficacia y oportunidad la atención en asuntos que no esperan y cuya tardanza hace mucho mayor e intolerable la lejanía.
El reencuentro del Presidente con los sonorenses se ha producido, curiosamente, al término de la Pascua, cuya más remota connotación lleva a la celebración hebrea con motivo de la salida de su comunidad de la servidumbre en Egipto, entendida la hazaña memorable como un salto a la libertad, con todos y los avatares afrontados durante el arduo peregrinaje por el desierto.
Al igual que otras zonas y regiones del territorio nacional (Oaxaca, Michoacán, Guerrero y Chiapas), Sonora padece verdadera sed de justicia. Si el desierto de Altar acaba de ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la reserva impresionante de su fauna, y Puerto Peñasco, su contorno y entorno son encomiados por lo majestuoso de sus paisaje, el Sur del Estado, en cambio, es considerado enclave sobre del cual se hacen prever escenarios de difícil pronóstico a causa de los efectos irreversibles que podría desencadenar el cambio climático. Hay causas propiciadas por algunos seres humanos: atropellos, acciones ilegítimas y hechos impremeditadas de suyo evidentes.
Zona natural protegida con el trasfondo conmemorativo del Día Mundial de la Tierra fue, además, foro para la convocatoria del Jefe del Ejecutivo según la máxima de que "Proteger la tierra, es tarea colectiva". En otras palabras, la administración de los recursos consiste en asumir las responsabilidades por parte de los ciudadanos, lo cual implica el exigir a quienes gobiernan acato pertinente a las disposiciones legales y administrativas, y el cumplimiento cabal, sin excusas y omisiones, de resoluciones sobre la protección, cuidado y preservación del "hábitat", el hogar común.
El reencuentro queda en el buen ánimo de los sonorenses. Cuenta en ello, la promesa de que irán a la Entidad funcionarios de la Federación para atender asuntos pendientes y de inmediata resolución, lo cual enciende focos de esperanza tocante al restablecimiento del Estado de Derecho, así como la reparación de daños materiales, físicos y morales a que haya lugar.
Y, por encima de todo, está el anuncio de medidas previsoras a fin de que prevalezca la armonía en la Entidad con apoyo y la participación de todos los poderes, locales y del centro, con la finalidad suprema de que la convivencia entre los sonorenses se convierta, con firme voluntad, en objetivo cotidiano, condición de vida productiva, de creatividad científica y cultural, así como de práctica educativa, sin cortapisas. Propicio todo esto para la realización de aspiraciones cada vez más altas en lo individual, familiar y social. La encomienda presidencial es obvia: evitar que el fenómeno de la anarquía alcance y envuelva al Estado de Sonora.
Así, sólo así, la Tribu Yaqui, con sus más calificados líderes al frente, Tomás Rojo Valencia entre otros, podrá sobrevivir, vivir, convivir en sana concordia y merecida paz.

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