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Por Gerardo Armenta Balderrama


+Una sensibilidad Roñosa
+CAPUFE y las Casetas

Los funcionarios de Caminos y Puentes Federales deben poseer una sensibilidad harto roñosa. Este señalamiento no tiene ofensa o agravio para nadie. Lo que se quiere decir es que sólo a partir de esta singularidad se puede entender que hayan resuelto empezar en Navojoa el cobro de un súbito derecho de vía en los linderos de la Carretera de Cuatro Carriles.
Pudieron hacerlo en cualquier otra comarca de la Entidad. Pero es evidente que su ánimo debió ser rebasado por el significado que tiene el hecho de lo que ha sido la Perla del Mayo en el afán de lograr un verdadero libre tránsito por la nunca bien ponderada carretera Federal, especialmente desde que se le hizo de cuatro carriles y se le "dotó" de dos casetas de peaje en el Municipio navojoense.
Precisamente una pequeña dotación de sensibilidad (y no la demasía que les hizo incurrir en el estruendo paquidérmico que protagonizaron) es la que debieron sacar a relucir para plantear la vigencia de la disposición con que llegaron a Navojoa con el inesperado fin de recobrar un mando o poder de CAPUFE que se suponía en disfrute de mejor vida. No actuaron así.
El error estuvo en que los señores de ese organismo ejercieron una malísima aproximación al asunto. Nunca debieron imaginar que, como respuesta a la insolencia de que hicieron gala para inducir en una gasolinera el primer cobro por el aludido derecho de vía, se reanimaría la polémica, nunca finiquitada del todo, sobre la existencia de las casetas de cobro que "adornan" la Carretera de Cuatro Carriles.
Dicho de otra manera, sin siquiera pensar en la calidad y los alcances de la réplica que traería consigo ese inopinado trámite de CAPUFE, sus responsables cayeron en una hondonada mediática e institucional de la que seguramente todavía no saben cómo salir. No hay duda de que batallarán para lograr que una vez más la opinión pública regional se olvide en apariencia de los reales y severos perjuicios económicos que causan a la región las casetas de peaje.
En ese tenor de ideas, la presidenta de la Cámara de Comercio de Navojoa tomó palabra para señalar la pertinencia de que CAPUFE atienda el tema de la eliminación de esas casetas. María Remedios Pulido Torres dijo que éstas tienen "prisionero" al Municipio y que representan una afectación al comercio local y a la ciudadanía en general, "lo que nos hace menos competitivos, violentando además el mandato constitucional de libre tránsito por la carretera Federal de Cuatro Carriles".
Impecables en su raciocinio, los planteamientos anteriores grafican el único y verdadero sentido histórico de la reclamación formulada en contra de la puesta de esos lugares que inhiben ciertamente la entera libertad para desplazarse sin escollos por la carretera Federal. En algo verdaderamente insólito para los cánones en la materia, Navojoa es un Municipio cercado por dos casetas de peaje.
Cercado, rehén, o prisionero, como dijo Pulido Torres, el hecho es que jamás se ha logrado quitar al Municipio una de esas dos cargas. En CAPUFE nunca prestaron oídos a esta exigencia de la ciudadanía navojoense. Tal si resultara la cosa más normal del mundo que un determinado lugar muestre en su perímetro dos puntos de peaje carretero, los que existen linealmente en la geografía de Navojoa bien pudieran formar parte de una especie de galería de la ignominia por el abuso que entrañan.
Sin embargo, todo permite suponer que se está reavivando el ánimo para retomar la desaparición de las casetas de cobro de la carretera. Este ánimo representaría la vuelta a un esquema de reclamación de los sectores ciudadanos del Sur de la Entidad que siempre ha estado allí latente para manifestarse una vez más, en prueba de que aquí no se ha olvidado lo que significa la hilera de casetas de cobro que tiñen la cuatro carriles.
Sorprende, sin embargo, que en CAPUFE no tengan registro cabal de la negativa e incómoda experiencia que ha significado para la vida cotidiana del sur estatal el modelo de cobro carretero. En el recuento de los hechos que tienen que ver con el asunto, CAPUFE aparece como uno de los grandes responsables de la inconformidad pública generada por ese esquema de peaje. En virtudes de razones de este tenor, no alcanza a entenderse del todo porqué sus responsables decidieron que este organismo vuelva a las andadas, como si existiera una gratísima impresión por lo que hizo aquí en años no muy lejanos.
Es obvio, por lo demás, que CAPUFE y los suyos nunca ganarían un certamen de simpatía y respeto que se eventualmente se organizara aquí con ese doble propósito. Los hechos hablan por sí solos.