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Leo Zuckermann

Ha regresado la política de bloqueos y parálisis de nuestro sistema



Durante años, muchos argumentamos que México no avanzaba económicamente por la falta de reformas estructurales, reformas que no salían por la existencia de un sistema político fallido que incentivaba más la competencia que la cooperación. No obstante, el año pasado ocurrió una catarata de reformas de gran calado en la Constitución. Esta evidencia les dio la razón a nuestros críticos: sí se habían podido llegar a acuerdos y sacar reformas dentro de nuestro sistema político. Tuvieron razón, nos equivocamos, pero al parecer por poco tiempo. Y es que me temo que ha regresado, con fuerza, la política de bloqueos y parálisis característica de nuestro sistema.
Nuestros críticos argumentaron que el problema no estaba en las reglas del juego sino en la pésima habilidad negociadora de los gobiernos panistas de Fox y Calderón. El nuevo gobierno priista de Peña, en cambio, estaba demostrando que sí sabía negociar. Se trataba, entonces, de un tema de capacidades. Además, a diferencia del pasado en que el PRI no quiso cooperar con los gobiernos del PAN, los panistas eran una oposición responsable dispuesta a ayudar. A eso había que sumar que el principal partido de izquierda, el PRD, estaba controlado por un grupo (Los Chuchos) con ganas de negociar para diferenciarse del radicalismo opositor del lopezobradorismo.
En suma, las fallas de nuestro sistema político eran una quimera. Con voluntad y “altura de miras” todo se podía. Pues parece que se achaparró la altura y ha regresado la bajeza de las reglas e intereses que promueven los bloqueos y la parálisis legislativa. Con toda claridad lo vemos con la Reforma en Telecomunicaciones.
Con un amplio apoyo del PRI, PAN y PRD, en mayo del 2013 se aprobaron enmiendas a la Constitución para inyectarle más competencia a los sectores de la radiodifusión y telecomunicaciones. Los mismos legisladores se comprometieron a aprobar las leyes reglamentarias para el nueve de diciembre. Incumplieron porque estaban aprobando la Reforma Energética. Prometieron, entonces, que aprobarían la legislación en telecomunicaciones durante el siguiente periodo ordinario del Congreso (febrero-abril de este año). Pues ya volvieron a incumplir. ¿Por qué?
Primero porque la oposición ha condicionado la aprobación de cualquier reforma a que primero salga la reforma política-electoral. No confían en los priistas y por eso condicionan que primero pase lo importante para ellos (las reglas de la competencia por el poder, en particular limitar la intervención de los gobiernos locales en las elecciones) y luego lo importante para el gobierno. A escena entran los gobernadores, cuya mayoría son del PRI, quienes no quieren que les amarren las manos. Un choque de intereses que tiene atorada la reforma político-electoral. Y mientras no salga ésta, al parecer no saldrá ninguna de las económicas.
Mientras tanto, los panistas están en pleno proceso de competencia para renovar a su dirigencia nacional. Los dos candidatos y sus equipos, como ocurre en una elección peleada, se andan peleando hasta con la cubeta. En este ambiente divisivo es imposible negociar nada con ese partido. El gobierno tiene que esperar a que pasen las elecciones del PAN el 18 de mayo. Si se reelige Gustavo Madero, las negociaciones con Peña podrían retomarse rápido. Pero si gana Ernesto Cordero el precio de la negociación crecerá considerablemente, lo cual complicará la aprobación de las reformas secundarias incluyendo la de Telecomunicaciones.
Además de este enredo están los grupos de interés afectados por dicha reforma, quienes están usando todas sus armas para ganar una guerra de miles de millones de dólares en la batalla de la legislación secundaria. Empresas poderosísimas (como Televisa, Grupo Salinas y Carso) que están influyendo en el proceso legislativo presionando al gobierno y las oposiciones.
Es evidente que ha regresado la vieja política de bloqueos y parálisis en México. El fervor de los acuerdos del año pasado fue, al parecer, más excepción que regla. La realidad es que las instituciones de nuestro régimen político siguen torcidas. Lo estamos viendo en la Reforma en Telecomunicaciones que debió estar lista en diciembre pero que ya se postergó hasta junio. Mientras tanto estamos en el peor de los mundos: nadie está invirtiendo un centavo en este sector por la incertidumbre de tener, por un lado, nuevas reglas constitucionales y, por el otro, viejas leyes secundarias incompatibles con las primeras.
Twitter: @leozuckermann