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Por Guadalupe Loaeza


Érase un rey...

Después de varias transfusiones con un total de 50 litros de sangre y ocho agonías, finalmente el generalísimo Francisco Franco murió a las 6:15 de la madrugada del jueves 20 de noviembre de 1975. En su último mensaje dirigido al pueblo español, el dictador dijo: "Por el amor que siento por nuestra Patria, os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en su momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido".
Cuando Juan Carlos tuvo el primer encuentro con Franco, tenía 10 años. Entonces vivía lejos de sus padres, estaba constantemente rodeado de curas y generales un poco ninguneado, controlado y espiado. Mudo. Como le dijera al escritor José Luis de Vilallonga, "la soledad comienza con el silencio que es necesario saber guardar. He pasado años sabiendo que cada una de las palabras que pronunciaba iban a ser repetidas en las altas esferas, después de haber sido analizadas e interpretadas según sus conveniencias por gente que no siempre deseaba mi bien. Aprendí a mirar, a escuchar y a callarme". En el libro El Rey, llama la atención la melancolía con la que se refiere a sus soledades por las que tuvo que pasar para asumir un destino completamente "providencial". Asimismo, nos habla del dolor de su padre y de cómo lo enseñó a amar a una España violenta y contradictoria.
"A la vuelta del viaje de novios, nosotros queríamos instalarnos en España. Don Juan le decía a Juanito: '¿Pero qué tienes que hacer allí? ¿De qué forma vas a vivir? Lo normal es que estés aquí conmigo'. Y el príncipe contestaba: 'Franco y yo hemos acordado que yo residiría en España. Esta puerta está abierta, papá. ¿Por qué cerrarla? El haberme casado no es razón. Si queremos monarquía para el futuro, es preferible que yo esté allí'. Era una lucha moral y política, pero siempre cordial. Había algo sobreentendido; uno de los dos tenía que reinar, y convenía intentar los dos caminos posibles. La situación era incómoda, era tensa, por la incógnita, porque Franco no decía nada, seguía sin decir esta boca es mía. Sin embargo, dependían de él, de alguna manera eran sus huéspedes, sus príncipes... En esa época, muchos españoles pensaban que estaban padeciendo un humillante sometimiento, que estaban debajo de la bota de Franco; pero es importante hacer hincapié en que Franco no mandaba sobre el príncipe", le dijo la Reina Sofía a la periodista española Pilar Urbano, en el libro titulado La Reina.
"En un viaje oficial, iban Franco y el príncipe en el mismo coche. Por lo que fuera, mi marido había dormido poco, y como Franco no era un hombre conversador, al cabo de un rato Juanito se durmió en el hombro. Pero él no le despertó. Lo dejó que durmiese ahí encima. Al llegar, dijo: 'Alteza, hemos llegado'. Sin inmutarse. Era evidente que Franco sabía perfectamente qué quería hacer con su Alteza. Era evidente que tenía su plan perfectamente bien trazado y que ya sabía qué pieza mover en el tablero del ajedrez. El Príncipe Juan Carlos era una pieza ideal para salir triunfador. En esas relaciones con los Franco, lo embarazoso era el tema de fondo: ¿quién reinaba, el padre o el hijo? Y, si reinaba mi marido, ¿eso iba a ser antes de morir Franco? ¿O había que esperar a que Franco muriese? Era espinoso, porque les afectaba a ellos, a todos ellos, como familia del hombre que tenía el poder".
En diciembre de 1969 se dio un encuentro familiar en Lausana. Para entonces, Franco ya lo había designado. Mientras tomaban café en la Plaza de Saint-Francois, Juan Carlos le dijo don Juan: "Mira, papá, desde que tenía ocho años yo he sido un mandado. Un mandado tuyo. Sólo he hecho lo que tú has querido. Tú quisiste que fuera a estudiar a España. Y estudié en España. Luego, porque te enfadaste con Franco, quisiste que me retirara de España. Y me retiré de España. Reanudasteis las relaciones. Y yo volví otra vez... Entre Franco y tú organizasteis el plan de mi vida como quisisteis. A mí no se me preguntaba ¿quieres?, ¿no quieres? Se me daba ya decidido. Y yo, a obedecer. No he hecho otra cosa que obedecerte". Juan Carlos se convirtió en el rey de España el 22 de julio de 1969, como sucesor a título de rey ante las Cortes; ya como rey, el 22 de noviembre de 1975. No se presentó ningún miembro de los Borbón. Don Juan seguía furioso y lo había prohibido. De este modo España pasaba, sin revolución y sin ruptura de una dictadura a una democracia. "La monarquía se encuentra por encima de cualquier ideología". Después de no hablarse padre e hijo a lo largo de seis meses, por fin deciden reconciliarse. Uno de los factores que sin lugar a dudas contribuyeron a esa transición fue Adolfo Suárez. Gracias a su inteligencia y su gran sentido político, España pudo enfrentarse a ese gran cambio sin una gota de sangre.
Entonces el ya rey de España nunca se imaginó que un día terminaría por abdicar a favor de su hijo el príncipe Felipe, casado con una adorable plebeya.

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