THE ASSOCIATED PRESS
SAN ANTONIO.- Aquí no ha pasado nada.
Luego de dos partidos, estamos en el mismo lugar que en las Finales pasadas: Spurs 1-Heat 1.
A diferencia del 2013, el primero en robarse uno de visitante fue el Miami Heat, que ahora viaja a su casa para intentar hacerse fuerte en un American Airlines Arena donde no ha perdido en esta postemporada.
El tercer juego de la final es hoy a las 18:00 horas, tiempo de Sonora.
Horas después del partido, la palabra era: "qué partidazo".
No quedan dudas de que están en presencia de los dos mejores equipos de la liga, y no tuviese problema si esta final se sigue repitiendo en años por venir, aunque ni a Tim Duncan ni a Emanuel Ginóbili le quedan más de una temporada en la NBA.
Por ende, es cuestión de disfrutarlos ahora.
El Heat y los Spurs son la antítesis perfecta. Miami se basa en el peso de sus individualidades, mientras que San Antonio se apoya en su juego colectivo.
"Ellos tienen la habilidad para darle el balón a una de sus estrellas cuando las cosas no les están saliendo bien", expresó Ginóbili. "Nosotros dependemos mucho del movimiento del balón".
Esa estrella se llamó una vez más LeBron James este domingo. Porque cuando todo parecía indicar que los Spurs se iban a despegar en el marcador, apareció LeBron en todo su esplendor. Para que se den una idea, ningún jugador del Heat superó las tres asistencias.
San Antonio se mantuvo fiel a su estrategia, pero hay veces que simplemente hay que hacer una reverencia.
Gregg Popovich sabe que la mejor manera de "detener" a LeBron, es dándole el lanzamiento de distancia, y evitar que ingrese a la pintura. Pero cuando el mejor del mundo está certero a distancia, entonces no hay mucho que puedas hacer.
Luego de meter una vez más en problemas de faltas a Kawhi Leonard, James quemó las redes cuando Boris Diaw le dio algo más de espacio.
Erik Spoelstra tenía planeado darle algo más de descanso luego de los calambres sufridos en el primer juego, pero la diferencia en el equipo era notoria con James en la banca. No hay mañana, y el riesgo valió la pena, sobre todo cuando tenía la mano caliente. Sin embargo, este juego una vez más se definió al final.