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EL UNIVERSAL
CUAUTITLÁN.- “Hubo frío y mis pies se congelaron, lastimosamente se congelaron. No me podía levantar y cuando lo hice me mareé, me desmayé y fue cuando caí del tren. La llanta me agarró mi pie derecho y me lo amputaron”, relata Luis Fernando Carranza Cruz, guatemalteco de 18 años de edad.
El joven cayó de La Bestia el pasado primero de junio en Lechería y desde entonces está internado en el hospital Vicente Villada, del Instituto de Salud del Estado de México (ISEM), ubicado en Cuautitlán-México.
El ferrocarril le arrebató de pronto sus ilusiones y le mostró la realidad que viven los migrantes en México.
“Me dormí porque estaba todo deshidratado, no tenía agua, no había comido nada, tenía casi una semana de no comer”, menciona.
Añade: “Se me vinieron muchas cosas a la mente. No lloraba del dolor que tenía, de lo que me había pasado, sino de la desesperación, de por qué a mí me pasaba eso. Gritaba muchas cosas, que ya no iba a poder saltar, correr, me gusta mucho el fútbol, pero ahora lastimosamente ya no va a ser así, pero Dios sabe por qué hace las cosas”.
Carranza Cruz salió hace un mes del departamento de Chiquimula, Guatemala, y durante el trayecto fue testigo de secuestros, asaltos y accidentes que sufrieron sus compañeros migrantes.
En Guatemala estudiaba Bachillerato en Ciencias y Letras.
Dejó su País con la esperanza de ir a Estados Unidos y ayudar a su madre y hermano menor.
“En Orizaba, una señora se cayó del tren, le cortó la mano y al niño le cortó el pie. En ese ratito no hallaba qué hacer, como no había comido ni bebido agua, me dieron ganas de correr y salir llorando, pero un amigo me dijo que me tranquilizara, que tuviera paciencia, pero ‘mira lo que le pasó a la mujer’, le dije yo, su mano y el niño como de siete años le cortó el pie”, recuerda.
Carranza Cruz asegura que le hubiera gustado ser reportero para relatar los maltratos y vejaciones que sufren los migrantes en su camino hacia EU.
“Para mí era una aventura. Iba arriesgando todo lo que me podía encontrar en el camino, porque no creía lo que me podían contar, no quería vivirlo, quería saberlo, pero aquí está el resultado. Gracias a Dios por estar aquí y a México por darme la atención”, afirmó.
El joven se recupera en el hospital Vicente Villada, donde estará dos o tres semanas más y posteriormente el Instituto Nacional de Migración (INM) lo deportará a Guatemala, donde lo espera su familia.
Agrega: “Antes de salir de su casa que lo piensen tres veces. Me hubiera gustado ser un reportero para grabar la vida de ellos, cómo se vive en esos viajes, de robos, secuestradores, de todo. Ahí se ven muchas cosas, maltratos para mujer, robos. A veces la familia se viene entera de los países, vienen familias”.