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México estuvo a minutos de derrotar a Holanda, pero, con un penal dudoso, perdió 2-1 y quedó eliminado


Por Gabriel Tamayo
AGENCIA REFORMA
FORTALEZA.- La pesadilla que llevaba cinco Mundiales acechando los sueños tricolores se volvió a aparecer, ahora en Brasil.
En un duelo digno de novela dramática, los mexicanos se quedaron a unos minutos de hacer historia, pero los holandeses y el árbitro fueron los verdugos del Tri, que cayeron agónicamente 2-1.
Los pupilos de Miguel Herrera se encargaron de ilusionar a la gente. La Arena Castelao era una Fortaleza mexicana para enfrentar a Holanda, que con ayuda del silbante mató las aspiraciones tricolores.
Miguel Layún y Héctor Herrera, con disparos de larga distancia, asustaron al principio al arquero Jasper Cillessen.
Todo quedó en gritos ahogados de los más de 30 mil mexicanos que acudieron a la Arena, y que lució casi llena.
El silbante portugués, Pedro Proenca, quien terminaría siendo el verdugo tricolor, perdonó a los mexicanos al 44', ya que no marcó un penal de Rafael Márquez sobre Arjen Robben e inmediatamente otro de Héctor Moreno sobre el holandés, este último choque dejando lesionado al central mexicano, quien se retiró de la cancha con fractura de tibia.
Para el complemento, el "Cielito Lindo" sonó con mayor fuerza, pero fue apagado por el grito de ¡Gol! que llegó al 48', cuando Giovani dos Santos bajó con el pecho un balón largo y de media vuelta venció a Cillessen para el 1-0.
Pero, los holandeses no bajaron los brazos, empezaron a atacar a México y éstos no pudieron contenerlos.
A dos minutos de concluir los 90 reglamentarios, Wesley Sneijder aprovechó una falla de marcación tricolor en un tiro de esquina y desde los linderos del área prendió el esférico para igualar el marcador.
El partido pintaba para el alargue, pero los de Louis Van Gaal siguieron atacando y al final recibieron la recompensa.
Robben cayó en el área ante un mínimo contacto de Márquez, si es que hubo alguno. El árbitro pitó la falta de inmediato, y Klass Jan Huntelaar, quien ingresó al 76' y tenía sus primeros 15 minutos de partido dentro del Mundial, definió con un tiro potente que engañó a Ochoa.
Sonó el silbatazo final, la plantilla mexicana se tiró a la grama del Castelao, algunos se llevaron las manos al rostro, otros hicieron berrinche, mientras que pocos más lloraron al igual que la afición que se quedó, como siempre, con ganas de más.