En México existe un lugar dedicado
a salvar animales maltratados

Por Dalila Carreño
AGENCIA REFORMA
PACHUCA.- Sus apariciones en la pista del circo, su encierro día y noche en una jaula, falta de alimento y golpes que incluso le impedían permanecer en pie fue lo único que Morelia, una leona africana, experimentó durante 20 años.
Ella era una de las “estrellas” del circo Daniel Atayde y su Guapísimo Tarzán, pero cuando su condición física le impidió seguir ofreciendo funciones, comenzó a ser explotada para tener más de 20 crías que fueron vendidas a otros circos.
Esa era su vida, hasta que una denuncia ciudadana logró su aseguramiento por parte de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente, el 4 de marzo de 2013, en Jalisco, en donde fue rescatada con severas contusiones en la mayor parte de su cuerpo, llena de larvas y heridas provocadas por la amputación de dedos y garras.
Su dueño no justificó la legal procedencia de Morelia y el expediente clínico era contundente: lesión en el cráneo, fisuras en el hueso frontal, descalcificación severa, grado de desnutrición mortal, amplias alopecias, sarna, 35 kilos de peso...
Incluso, los primeros especialistas que tuvieron contacto con ella, del Centro para la Conservación e Investigación de la Vida Silvestre de Guadalajara, perteneciente a SEMARNAT, no creían que sobreviviera.
Pero ahora, Morelia ha subido más de 100 kilos de peso y es uno de los cinco animales rescatados de circos que se recupera en el Bioparque Convivencia Pachuca, la Primera Unidad de Rescate, Rehabilitación y Reubicación de Fauna Silvestre, Endémica y Exótica de México, a donde llegó el 8 de marzo de 2013.
Este espacio, el segundo en su tipo de América Latina además del de Costa Rica, atiende a 278 animales de 52 especies que fueron violentados de alguna forma en casas que los mantenían como mascotas, en bodegas o talleres semiabandonados, en circos o durante su tráfico ilegal.
“Parecía que se trataba de un animal muerto. Fue un choque ver a un felino de ese tamaño en esas condiciones”, explica Erika Ortigoza Vázquez, directora del Bioparque y representante legal de la Unidad de Rescate.
“Cuando llegó no significaba nada para nadie, era un despojo. Y ahora se ha vuelto el sueño de cada uno de nosotros”, añade con satisfacción.
Actualmente, Morelia pesa 140 kilos y, cuando alcance los 155, se convertirá en uno de los ejemplares que serán reubicados en The Wild Animal Sanctuary, el santuario de carnívoros más grande del mundo, con más de 900 hectáreas, ubicado en Denver, Colorado.
“Ahora está hermosísima, ya ruge. Come pollo, conejo y res. Toma pastillas, calcio y nutrigel porque sigue en un proceso de recuperación. A final de cuentas es un individuo al que se le ha devuelto la dignidad”.

Mutilaciones
Detrás de un velo en el rostro y un tutú con el que era obligado a bailar y andar en bicicleta, un oso americano escondía la mutilación del maxilar inferior de la que fue víctima en el circo Harley, en Yucatán, donde era conocido como “Bailarina Nait”.
Además, el ejemplar, de entre 6 y 10 años de edad, llegó a la Unidad de Rescate con heridas en el cuello consecuencia de la cadena a la que estaba sujeto. Arribó el 10 de mayo pasado, luego de ser decomisado por la PROFEPA a raíz de una denuncia ciudadana y otra más de los empleados del circo.
“Lo que sufrió es un acto de maltrato sin igual. Un acto de vergüenza humana. Lo mutilaron sin que hubiera un antecedente de bacterias, oncológico, porque no tiene historial clínico. Estamos trabajando en él para rehabilitarlo y empoderarlo física, mental y conductualmente, para que recupere su ‘salvaje’ que lleva dentro... porque hasta eso nos hemos encargado de robarles”, comenta la directora del Bioparque.
El oso, que fue bautizado como Invictus en su nuevo hogar, se encuentra en el área de Monitoreo Clínico Intensivo, en donde ya come proteínas como las que contiene el salmón, lo que le ha permitido restablecer su pelaje. Antes era alimentado solamente con pasteles y arroz con leche.
La recuperación del oso americano y la de los demás ejemplares depende de un grupo de médicos veterinarios, biólogos y de la psicóloga Marisol Pérez Hernández, quienes intentan devolverles una calidad de vida justa a través de medicamento, dieta especializada y terapias de relajación a base de música clásica, de Vivaldi principalmente.
“El maltrato que padecen no es si los golpean para que logren la mejor marometa, eso es obvio. El maltrato radica en esos transportes, en esa jaula de dos por dos que es su casa.
“La explotación radica en que tienen que hacer cosas contranatura y en contra de su espíritu silvestre. Ahí empieza el maltrato, en el desconocimiento de la especie. Podemos tener percepciones equivocadas de maltrato, pero lo que yo opino no son percepciones. Son expedientes clínicos amparados con expedientes administrativos y en algunos casos con un proceso penal”, explica Ortigoza.

Fracturas
Un tumor del tamaño de un balón de fútbol americano que abarcaba desde la zona púbica hasta la esofágica y desprendimiento de matriz; esos son sólo dos de los daños con los que Lisa, un ejemplar de mono araña hembra, llegó a las instalaciones de la Unidad de Rescate.
Ella también formaba parte del circo Daniel Atayde y, con todo y las costillas fracturadas, era obligada a hacer malabares frente al público.
Tenía siete años cuando fue rescatada, en marzo de 2013. Su vida transcurrió al interior de una pequeña caja transportadora de gatos, sin posibilidad de estirarse ni doblar sus extremidades.
“Cuando llegó, tuvo que ser operada para extraerle el tumor, que se le formó a base de golpes. Además, presentaba estereotipias (repetición involuntaria de gestos) muy severas”, dice Ortigoza.
Los cuadros de ansiedad que aún tiene provocan que coma de manera compulsiva, por lo que lleva una dieta especial. Hoy pesa 13 kilos y, aunque no ha sido tan sencillo que se adapte, cada día convive un poco más con otros monitos.
Una vez que algunos de los ejemplares de mono araña que ahí se encuentran se reproducen, sus crías son reubicadas en distintas Áreas Naturales Protegidas (ANP) del País, principalmente en Veracruz y Chiapas, a través de un programa llamado “Primates por Primates” y al trabajo del Centro Mexicano de Rehabilitación de Primates.
La Unidad de Rescate se ubica en un espacio de 6 mil 500 metros cuadrados del Bioparque Convivencia Pachuca, donde durante 36 años funcionó el Zoológico de esta ciudad, en el que vivían entre 240 y 270 animales de unas 40 especies, que ya fueron reubicados.
La unidad fue inaugurada el 29 de abril pasado, y depende del DIF municipal. Tiene convenios con algunas empresas que les venden alimento y medicina a buenos precios. Recibe donativos y ayuda en especie, y las aportaciones de los visitantes al Bioparque, que abre al público de martes a domingo, por sólo 6 pesos la entrada.
Actualmente, en esas instalaciones viven temporalmente felinos, aves y reptiles, algunos de los cuales tienen que pasar largos periodos en el área de Monitoreo Clínico Intensivo.
Sin embargo, no todos los que llegan tienen buena suerte.
Por ejemplo, una tigresa llamada Selva -también rescatada del Circo Daniel Atayde- llegó con una lesión cerebral que le provocó convulsiones hasta el día de su muerte: 20 de julio de 2013, a cuatro meses de haber llegado. Tenía aproximadamente 6 años de edad.

Quemaduras
Algunos reptiles tampoco se salvan del maltrato. Tal es el caso de una boa constrictor de 1.85 metros llamada Boatriz, quien tiene alrededor de 2 años de edad.
A ella la rescataron del circo Daniel Atayde con grandes quemaduras en todo el cuerpo, con el músculo abierto. Aunque ya ha experimentado seis cambios de piel desde que llegó a la Unidad de Rescate, aún es visible su cicatriz en el cráneo.
Por ello, hoy en día le dan terapias con rayos ultravioleta para curarla del daño que le provocó estar expuesta al fuego en los actos circenses y estar encerrada en un Tupperware casi toda su vida.
Cuando el equipo de Ortigoza llegó a laborar al entonces zoológico de Pachuca, en febrero de 2012, se le hizo un diagnóstico a los ejemplares que ahí vivían, con el fin de conocer su estado de salud.
Entre ellos había un tigre de Bengala de 240 kilos de peso llamado Rajá, al que se le detectó diabetes avanzada e insuficiencia renal irreversible.
Pese a los esfuerzos porque recuperara su salud, y de que incluso The Wild Animal Sanctuary quisiera hacerse cargo de él, ya no tenía cura y tuvo que ser sacrificado el 16 de septiembre de 2012.
“Fue un proceso muy doloroso y con él decidimos: ‘No más cautiverios a perpetuidad’. Era un acto de congruencia y justicia”.
Así fue como Zeus, de 15 años, considerado el león emblemático de Pachuca y quien era vecino de Rajá, fue de los primeros en ser reubicados en The Wild Animal Sanctuary junto con los leones Tesla y Malka (un cachorro de 10 meses), cuatro coyotes y una zorrita.

Abandono
Sanshai, de seis años de edad, es una leona que fue encontrada en una carretera de Tabasco, dentro de una jaula, en un vehículo perteneciente al circo Rudy Brothers.
Ella lleva seis meses en la Unidad de Rescate, a la que llegó con desnutrición, alopecia e infección en las vías urinarias, lo que le provocaba sangrado y un proceso deformativo en las patas. Pesaba unos 60 kilos y hoy ha llegado a los 160.
“No vamos a cambiar el mundo”, admite Ortigoza, “pero el mundo de Invictus, Sanshai, Morelia y de todos los animales que están aquí lo hemos cambiado y eso nos llena de esperanza, compromiso y mucha alegría”.