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La falta de oportunidades y la violencia orillan a buscar en otros países

EL UNIVERSAL

CD. DE MÉXICO.- El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estiman que más de cinco millones de niños han emigrado a los Estados Unidos y Europa durante la última década.

Según el documento Desafíos. La infancia y la migración internacional en América Latina y el Caribe, la falta de oportunidades en sus propios países, en cuanto al acceso a la educación y la calidad de vida, además del aumento de situaciones de inseguridad y violencia son las causas de la migración.

Por lo general, estos adolescentes emigran solos y por vías irregulares. Sin una protección social o legal, y sin ser conscientes de sus derechos como cuando viajan a través de diferentes países, son especialmente vulnerables al caer víctimas de cargas de trabajo pesadas, tráfico de personas con propósitos laborales o sexuales, y abuso físico y sexual, se señala.

La UNICEF advirtió que también se ven expuestos a situaciones humillantes que les dejan profundas cicatrices emocionales.

Los menores que permanecen en sus países también están en riesgo que se violen sus derechos, aquellos que están al cuidado de parientes o instituciones pueden tener menos protección frente a la explotación sexual y el abuso, que los niños que son atendidos por sus padres.

Los mayores muchas veces llevan la carga de tener que cuidar a sus hermanos menores.

Además, la pérdida constante de profesionales calificados, la fuga de cerebros socava la disponibilidad y la calidad de los servicios básicos en los países de origen, por ejemplo, cuando emigran enfermeros o docentes, lo que también repercute en el bienestar de los niños.

Se advierte que también se ha producido un aumento importante en la migración femenina desde muchos países de la región; este fenómeno es provocado por el desempleo, cambios en las perspectivas socioeconómicas, o la necesidad de conseguir un ingreso adicional para mantener a la familia y a los niños que quedan detrás.

Explica que las mujeres también salen de sus comunidades de origen para escapar de la violencia sexual, el abuso, los estigmas sociales o las presiones para contraer matrimonio.

También abandonan sus países para reunirse con sus cónyuges o para evitar la discriminación y las normas que restringen su vida debido a su condición de género.

Sobre los desafíos pendientes se indica que hay un “vacío” de normas, reglamentaciones y políticas públicas que estén dirigidas a proteger a los menores migrantes, especialmente en el contexto de la migración irregular.

En el documento se destacan los complejos problemas que han surgido de las prácticas y políticas que tienen como objetivo regular las corrientes migratorias en términos de entrada, residencia y expulsión, y que han derivado en la violación de los derechos humanos de los menores que están en tránsito.

Con algunas excepciones, en la mayoría de los países de la región no se ha reconocido el derecho a la unidad o reunificación familiar dentro de la legislación nacional, lo que significa que los niños están siendo separados de sus padres por largos períodos. Hay varias situaciones comunes en la región en las que se debería procurar la reunificación familiar. Por ejemplo, cuando los padres desean reunirse con sus hijos que han emigrado no acompañados por ellos, o niños que quedaron en su País de origen y tengan que reunirse con sus padres en el País al que éstos han emigrado, y en casos que se originen en el contexto de un proceso de deportación, señala.