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GERARDO ARMENTA
BALDERRAMA

La senadora Ana Gabriela Guevara dijo que está decidida a participar como candidata a la Gubernatura de Sonora en la elección del año entrante. Pero tiene un problema: Todavía no sabe por cuál partido lanzarse a la búsqueda del cargo de gobernadora.
Una pretensión personal como la anterior revela en toda su intensidad el bajo nivel de autenticidad o vocación que experimenta en México una actividad como la política. Sin embargo, la reconocida ex atleta no debería sufrir las tribulaciones que evidenció con la declaración que se le cita por su presunta orfandad partidista.
Sufre porque quiere. Porque hoy lo que sobran son partidos políticos. Ana Gabriela Guevara tiene en rigor el suyo propio. Se trata del Partido del Trabajo, aunque bien a bien no se sabe si ejerce oficialmente allí una militancia real. El caso es que todo esto carece de importancia, en tanto que ya tienen reconocimiento legal las llamadas candidaturas independientes.
A propósito, y de cara a esta novedad: ¿Cuál será el futuro de los partidos políticos? Debe ser muy promisorio porque recientemente, como todo mundo sabe, alcanzaron registro legal tres nuevos partidos políticos. Con éstos, como igualmente bien se sabe, México se convierte prácticamente (o debería convertirse) en una especie de edén o tierra prometida para la llamada partidocracia.
No en balde hoy por hoy (incluidos los tres recientes) existen en el País ni más ni menos que 10 partidos políticos en toda forma. Este hecho bien podría representar el sueño de todos los políticos (y el infaltable apéndice de los grillos) en busca de realización personal y por ende trascendencia histórica igualmente individual.
Con 10 partidos políticos en su esquema respectivo, cualquier país bien puede aspirar a una rutina de ensueño y felicidad total, porque le deberán sobrar y bastar quienes desde la arena social y de las ideas peleen y debatan por alcanzar incluso la perfección ciudadana existencial. Por lo menos así habrá que considerar en un papel teórico el devenir que aguarda a los mexicanos, en lo que bien podría ser un futuro envidiado por todos los confines terráqueos ante la abundancia de redentores partidistas que deambularán en un País como el nuestro.
Por ello, no es de creerse que, por ejemplo, las candidaturas independientes afecten el sentido o la utilidad de un contexto partidista como el descrito anteriormente. Aunque bien a bien todavía no está del todo claro cuál será su impacto en el contexto electoral. Podría suponerse que este recurso de participación política tendrá un gran consenso por la facilidad (más aparente que real) que brindará para acceder a cargos de representación popular sin la mediación de partidos políticos.
Sin embargo, aquí se podría estar en una terrible o flagrante contradicción, en tanto que no parecería tener mayor sentido la decisión de oficializar más partidos políticos, a sabiendas de que la ciudadanía podrá alcanzar puestos de elección popular sin el apoyo de estructuras partidistas convencionales. Quién sabe. Este parece un misterio propio sólo para el entendimiento de espíritus de muy alto registro intelectual.
A no ser, por supuesto, que lo que se quiera es que todo mundo en México le entre a la grilla ya sea desde la perspectiva de los partidos políticos o bien desde la óptica meramente particular o independiente. Cualquier aproximación de estas premisas con algún principio de locura o cosa parecida, habrá que asumirla como una simple coincidencia que no tiene nada que ver con la realidad.
Bajo ciertas circunstancias (si se quiere metafísicas o muy “made in México”), la realidad puede confundirse con la irrealidad, al grado de formar un solo ente o ser. Muchas veces la política parecería que mezcla esas dos posibilidades de realidad e irrealidad, si bien no se está diciendo que en nuestro País eso sea muy común.
En las próximas elecciones se pondrán muchas cosas en juego, no únicamente la suerte propia de los candidatos y candidatas que salten a la palestra. Habrá que ver también hasta dónde llegan los partidos que recién adquirieron registro, así como qué pasará con otros partidos que parecerían estar en la clásica cuenta beisbolera de tres y dos.
Al final, lo que queda en claro es que hoy por hoy en México nadie tiene por qué sufrir la tribulación de la senadora Ana Gabriela Guevara que no sabe todavía a través de qué partido político podría canalizar una inquietud electoral. Qué falta de consideración la suya habiendo como hay actualmente partidos políticos para lo que se guste y mande.