Por Federico Osorio Altúzar


MENONITAS Y YAQUIS: VÍCTIMAS DE HAMBRE Y SED DE JUSTICIA



En Chihuahua pobladores menonitas denuncian violaciones y acoso por parte de CONAGUA y la PGR. En Sonora, la Tribu Yaqui delata atropellos de la autoridad, toleradas por SEMARNAT, en deterioro de sus propiedades. Unos y otros, Menonitas y Yaquis, declaran que el origen del acoso es el agua, recurso vital de sobrevivencia.
Víctimas de persecución, los Menonitas ingresaron en México con acuerdo del Gobierno de la Revolución, a principios del siglo XX. Hoy en día son objeto de represión, según sus reiteradas quejas públicas. Por esa causa, muchos de ellos han resuelto proseguir su eterna diáspora, esta vez hacia el Este de Europa.
Los Yaquis, de nueva cuenta han sido colocados en la mira del despojo a manos de la voracidad y el cinismo de autoridades que llevan un lustro cometiendo actos de atraco y despojo en contra de sus posesiones: tierra y agua por igual.
Apátridas los primeros, su estancia en suelo chihuahuense, próxima a la productiva e industrializada ciudad Cuauthémoc y en extensiones a las que dieron auge y prosperidad agroindustrial, no han encontrado sosiego y seguridad a lo largo del pasado siglo. Respetuosos de sus usos y costumbres, a pesar de su tenaz y ejemplar trabajo en la crianza de bovinos y la productividad de lácteos, aquello es pretexto para que se actúe con saña y belicosidad en su contra.
Legítimos propietarios de cuencas, acuíferos y vastos recursos propicios para el aprovechamiento del agro, los Yaquis están siendo sometidos a la máxima prueba de fuego en su integridad comunitaria, con el propósito de que cedan predios y derechos, considerándolos sus agresores como seres infrahumanos. Sus victimarios actúan con malignidad extrema al igual que los caníbales, quienes tal vez se asombrarían al ver las crueldades que padecen.
El "destino" ya ha alcanzado a unos y otros. El motivo es el mismo: arrebatarles el vital líquido, con el cual se apaga la sed y se mitiga el hambre. Autoridades federales, estatales y locales, se confabulan para dar rienda suelta a los instintos de rapiña por medio del acoso, las amenazas, los cateos y actos que revelan execrable uso y abuso del poder sin que, al parecer, haya límites éticos ni jurídicos que contengan la saña y la felonía desatadas.
Los Menonitas, es cierto, no cuentan, como la Tribu Yaqui, con el respaldo, la asesoría y la defensa ciudadana y de su autoridad municipal, en Cajeme, con la que sí cuentan los descendientes de Tetabiate y de Cajeme. El Sur de Sonora, por otra parte, se ha concientizado ante la injusticia prevaleciente y la ostentosa impunidad. En cívica participación hacen frente unido con productores, ejidatarios y miembros de la Tribu, anteponiendo la legalidad y el Estado de Derecho frente a la anarquía oficial.
Hacen a placer lo que no llevan a cabo contra el crimen organizado, para destruir "presones" y tajos de los Menonitas. Invaden la intimidad domiciliaria de éstos y arremeten en contra de sus dirigentes con el asentimiento oficial y la complicidad de los organismos responsables de acatar la normatividad e individualizar la ley en términos de imparcialidad.
Ambas etnias son tratadas como marginadas y apátridas, sin garantías de ninguna clase. Son objeto de la táctica de amedrentar, amenazar y violentar la seguridad de las familias. La aviesa finalidad es la de consumar el despojo vía la persecución y el despojo, cuando no por medio del soborno, la abyección y el exterminio.
En el Valle del Yaqui, se ha llegado aún a utilizar la mentira y la suplantación como mamparas para hacer de un recurso democrático, la CONSULTA, disfrazándola con información viciada. Así, se hace de ella una vil caricatura y ruda apariencia de acato al Derecho, al régimen de libertades y garantías. Y todo, como si no hubiesen resoluciones en firme emitidas por la SCJN.
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