Bulmaro Pacheco


FAUSTINO FÉLIX ESCALANTE

La alternancia de partido en el Gobierno estatal experimentada en Sonora puso a prueba no sólo la naturaleza y la moral de la clase política local, sino que también evidenció de lo que está hecha.
De paso también le metió ruido a otros actores. Algunos de quienes habían acompañado al PRI por años, no tardaron en evidenciar su alivio cuando fueron invitados a colaborar con el nuevo Gobierno. Por ejemplo, es conocido por todos que una parte importante de empresarios metidos a la política y siempre en busca de contratos y obras del Gobierno, casi nunca pierden. Juegan varias cartas y en la mayoría de los casos cuando no ganan simplemente negocian... y como si nada.
En el caso de la llamada clase política, entre 2009 y 2014 ha habido de todo: Algunos -incluidos funcionarios que se dijeron priístas y presidentes de comités municipales- trabajaron soterradamente a favor del PAN desde la campaña electoral. Gradualmente fueron compensados por el nuevo Gobierno.
Después se ampliaría la información -para sorpresa de muchos- cuando se supo de empleos otorgados a sus allegados o el deslinde que les hicieron de la Contraloría hacia las auditorías municipales ("¡No la toques!, ella nos ayudó mucho en la campaña", le dijeron a un alcalde panista que perseguía a su antecesora priista en el cargo).
Otros, como algunos legisladores "opositores", en principio negociaron en dinero y con puestos públicos menores para sus familiares. La exhibida histórica de ellos y sus partidos ha sido de antología.
Otros despistados vieron en la victoria del PAN el fin de la historia y del PRI. No dudaron en agarrar sus pertenencias para irse a colaborar directamente con el nuevo Gobierno. Pensaron igual que aquellos cuando ganó Vicente Fox, que en automático decretaron la desaparición del PRI. ¡Muerto el Rey, viva el Rey!, dijeron; pues pensaron que había llegado el fin del PRI.
Sin rubor, algunos que nada más querían un pretexto se sumaron a adular la alternancia y a renegar de su pasado inmediato porque les estorbaba en el currículum. Al tiempo, reconocerían -ya tardíamente- que sólo los habían utilizado, y los dejaron peor que como estaban antes, porque ni siquiera las cuentas de origen les liquidaron.
La lista estaría incompleta si no se menciona a los eternos alquilados, esos que van cambiando de color político por sexenio reciclándose y cobrando siempre muy caro por sus servicios de provocación y esquirolaje. A muchos simplemente los utilizaron para golpear disidentes y disfrazar liderazgos sociales con el conflicto de El Novillo y los llamados Malnacidos y, cuando no fueron útiles, también los hicieron a un lado.
Qué decir de los liderazgos oficiosos dependientes del financiamiento estatal que; o se plegaron a los dictados del nuevo Gobierno o los negociaron por otro lado dejando sus compromisos partidistas para otros tiempos: "¿Quién dice que los priístas no tenemos gobernador?", fue la desafortunada declaración de uno de ellos, que queda para vergüenza de la historia reciente.
Afortunadamente no todo estuvo mal. También hay que reconocer que hubo quienes con agallas resistieron y nunca se sumaron al coro oficial. En el tiempo han mostrado dignidad y hombría de bien para no ceder al canto de las sirenas del grupo que creyéndose heredero de la historia intentó desde un principio desaparecer de un plumazo lo construido por el PRI en Sonora.
Los militantes leales, esos formados en la dura disciplina de la política práctica en el PRI, vieron el triunfo del PAN del 2009 más como un incidente que como una tragedia. Fogueados en los duros altibajos de la política habían vivido ya la alternancia en lo municipal y sabían de lo que se trataba.
Para ellos la derrota fue dolorosa, sí, pero no era para tanto. Ni llegó el fin de la historia ni el PRI desapareció en Sonora. Antes que aquí, en México ya habían ocurrido 18 alternancias estatales y en algunos estados como Chihuahua y Nuevo León, el PRI había regresado al poder en seis años.
Había que tomar las cosas con calma, pensaron, y empezar de nuevo y de cero para reponerse. Al principio la tarea no fue fácil porque muchos no alcanzaban a explicarse lo que realmente había sucedido en el PRI, haciendo frente a explicaciones descabelladas que buscaron dividir, más que construir.
Por fortuna, concluyeron que lo sucedido no era una tragedia, era un reto y había que asumirlo con valor y realismo político.
Uno de los que así pensó fue Faustino Félix Escalante. Un político experimentado, de larga carrera y fogueado en los diversos momentos de la política. Bisnieto de Faustino Félix, alcalde de Pitiquito en el siglo XIX, nieto de diputado local y presidente municipal de Cajeme e hijo de padre regidor, alcalde de Cajeme y gobernador de Sonora. Y por el lado de su abuela paterna, descendiente de Francisco Serna, ex alcalde de Hermosillo (1865), vicegobernador (1877) y gobernador de Sonora (1879).
Su formación y experiencia políticas le dieron para formarse pragmáticamente en el realismo político y así entender con madurez los diferentes tiempos de la política. Con la experiencia de su abuelo F. Félix Gastélum primero, y con su padre F. Félix Serna después ya con mayor intensidad.
Nació Faustino Félix Escalante un 4 de agosto de 1940, cuando su abuelo preparaba su reinstalación en la alcaldía de Cajeme (1939-1941) por decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, después de una larga y accidentada impugnación que se tradujo en un juicio donde la Corte falló a favor de la legalidad de su elección, asumiendo en noviembre de 1940.
Su abuelo había llegado a Cajeme como recaudador de rentas a la fundación del Municipio posterior a 1928, después de haber emigrado de Pitiquito a Hermosillo y de paso por el Congreso local, representando al Distrito de Altar en la XXVIII Legislatura (1925-1927).
Su padre, apenas cumplidos los 17 en 1930, estudiaba contabilidad por las noches, se perfilaba como líder de transportistas en el Valle y empezaba a sembrar algodón, para después casarse en 1939 con Lilián Escalante.
FFE cursó la primaria en dos escuelas: La Espinoza y el Colegio Guanajuato. Una parte de la secundaria la hizo en la Rafael Campoy y el resto en el Colegio Americano. Después se trasladó a Los Ángeles a cursar la High School en la Black Foxe Military Institute durante tres años.
Regresó a México y cursó la preparatoria en el Tecnológico de Monterrey entre 1958 y 1959, y al terminar entró a la carrera de Administración.
A su regreso a Sonora, FFE se dedicó a sembrar algodón en Caborca y entró en el negocio del despepite en las dos empresas que había fundado su padre: La Algodonera de Cajeme y Algodones y Semillas de Caborca, S.A. de C.V. Viviría la política con intensidad cuando su padre fue electo regidor de la planilla de Rodolfo Elías Calles y posteriormente alcalde interino por un año (que culminó en 1955). Después, don FFS volvería, ahora como alcalde electo de Cajeme para el período 1961-1964.
"La política la hacía él; y nosotros nos manejamos siempre con discreción y a distancia -dice FFE a la pregunta de si su padre los dejaba influir en los cargos públicos que ocupó-. Ni como alcalde dos veces ni como diputado federal ni como cuando fue gobernador permitió que la familia se inmiscuyera con recomendaciones e influencias". "Era muy estricto en eso". "Formaba sus gabinetes con lo mejor que había entonces en Sonora y nosotros entendimos muy bien que él no quería a su familia mezclada con las tareas de Gobierno". "Fue muy claro, y tampoco nosotros hicimos algo para tratar de influir [...] sabíamos que eso no le gustaba y trató de que cada uno de nosotros tuviera su propio quehacer". "Nunca se gestó en la familia la cultura del 'juniorismo'. Mi padre nunca lo hubiera permitido", reafirma.
En 1967 se casó con Lilia Chávez, hija de Encarnación Chávez, presidente del Consejo Municipal de Cajeme (1958).
Amigo de políticos de distintas edades e ideas, FFE no tardó en empezar su propia incursión en la política, primero como observador y después como un actor importante del ambiente político local. Rechazó ser diputado local en 1988, pero fue alcalde de Cajeme en 1991.
En su actuación, siempre ha destacado su gran apertura para entender y dar cabida con madurez y paciencia en su trato, a una pluralidad de comportamientos políticos en el más puro estilo de Cicerón: prudencia, justicia, fortaleza y templanza, las virtudes para una vida congruente.
Personajes disímbolos y con diferencias entre sí han pasado por su mesa y su atención. Igual personajes de la historia de Sonora, con los que ha mantenido cercanía a pesar de las diferencias políticas y partidistas.
Creo que somos muchos, los que hemos disfrutado de la amistad de FFE y que admiramos su paciencia y su templanza para dar, recibir y consolidar amistades. Ha sido un verdadero privilegio constatar por años, en coyunturas distintas y difíciles, el valor, la lealtad y la palabra empeñada de un ser humano de excepción como él. FFE, un hombre por los cuatro costados, congruente y sólido como pocos, que nunca cambia ni por conveniencia ni por interés personal ni por presiones de nadie, o por quedar bien con alguien de la noche a la mañana ni de amigos ni de compromisos ni de palabra.
Nunca en él una frase sobada de auto ayuda; mucho menos catálogos de recetas instantáneas de política o moral. Ahí tienen los jóvenes el ejemplo de un político que no se anda por las ramas a la hora de dar y comprometer la amistad ni de condicionarla a los tiempos de poder. Se puede ser amigo de FFE antes de...en el poder; y fuera del poder. En eso, él jamás ha cambiado un milímetro el trato con sus amigos. Por eso es un fuera de serie.
¿En qué está que un ser humano pueda ser congruente y mantenerse firme en sus principios, ideas y creencias? ¿Cuál es la clave en la vida de las personas que resisten y no claudican en la amistad ni por presiones ni por coyuntura ni por conveniencia personal? Además de las herencias políticas, los genes y las enseñanzas recibidas de padres, abuelos y hermanos, en el caso de Faustino Félix Escalante, creo que hay en él mucho más que eso todavía: Carácter, sensibilidad, lealtad, visión y responsabilidad. Nada menos.
"La política, cuando es en serio, se va con la vida", dice. ¿Aspiraciones políticas? ¿De puestos políticos? "Ninguna; sólo tener tiempo para ver a mis hijos lograr el éxito". Tanto Faustino, como Lilia del Socorro Iveth y Gustavo lo saben. Ellos han sido el motivo principal y la mayor aspiración de una vida que en 74 años; "con más satisfacciones que sinsabores, hemos tratado de vivir a plenitud. Ellos son mi vida". Dice... y le creo. Celebrémoslo.
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