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GERARDO ARMENTA
BALDERRAMA

Poco o nada les duró el gusto en Sinaloa a quienes vieron en la llamada Ley Mordaza la mejor justificación para inhibir el quehacer periodístico desplegado en asuntos sociales importantísimos. En buena hora, esa dichosa ley quedó sin mayores efectos prácticamente de un día para otro.
De hecho, podría hasta decirse que se le revocó incluso antes de que adquiriera vigencia formal. Solícito, el gobernador Mario López Valdez hizo el anuncio en contra de la ley que en la denominación coloquial que se le atribuyó dejaba en evidencia la negrura de sus largos aunque despreciables alcances en perjuicio del oficio periodístico.
López Valdez (frívolo e inconsecuente en su tarea oficial rutinaria) no supo medir las proporciones de la Ley Mordaza. Pensó seguramente que esta insana disposición sería vista como una especie de juego. Sus declaraciones al respecto confirman que jamás advirtió las gravosas consecuencias de que una porción del periodismo que se ejerce en Sinaloa (su vertiente policíaca o de seguridad pública) quedara sometida al escrutinio de las autoridades en la materia, empezando por las de la Procuraduría de Justicia Estatal.
Chiquillada de adultos perversos, la Ley Mordaza que no cristalizó en la Entidad vecina es un claro ejemplo de la torpeza y la insensibilidad de gobernantes novatos que confunden eficiencia a toda costa con perjuicio de garantías ciudadanas y periodísticas superiores al interés político o personal de cualquier funcionario. López Valdez hizo lo correcto al sumar su decisión al quiebre de la represiva norma de que se habla.
Sin embargo, esa actitud suya no puede ser aplaudida nada más porque sí. Antes de que alguien quisiera aventurar un reconocimiento en ese sentido, tendría que advertir que en el comienzo de todo el gobernador sinaloense no objetó nada cuando su Congreso local llevó adelante el proyecto de la Ley Mordaza. Sólo cuando resultó claro el rechazo unánime que generó esa iniciativa entre la prensa y la sociedad, el gobernador de Sinaloa se añadió solidario a la réplica con el fin de revocar la ley.
Es peligroso que en el País existan gobernantes con el talante que López Valdez mostró en la llamada Entidad de los once ríos. Utilizar criterios de discutible fuerza legal para inhibir el franco trabajo periodístico en asuntos como los propios de la seguridad pública, puede ser “cómodo” para los patrocinadores gubernamentales de medidas de esa naturaleza. Pero es obvio que la ciudadanía no puede estar expuesta a la definición o el ensayo de normas que niegan elementales principios de convivencia social.
Por otro lado, en lo que parecería una especie de milagro, en virtud de que casi nada se había hecho al respecto desde tiempo añejo, inició en el Sur del Estado la aplicación del programa de conservación de caminos vecinales pavimentados correspondiente al año en curso. Si tal programa existe realmente, debe señalarse que su utilidad no ha sido hasta ahora muy visible en el ámbito territorial de que se habla.
Pero en prueba de que algo es algo, se notificó que empezaron los trabajos de reparación de la carretera de Navojoa a San Pedro. Esos trabajos comprenden la compostura de tramos que tocan a Tetanchopo y San Ignacio. En este último poblado (que realmente es una de las comisarías más grandes de Navojoa) se produjo recientemente una protesta ciudadana para reclamar el arreglo de las calles del lugar, especialmente la principal.
Al parecer entonces la Junta de Caminos de Sonora hizo caso de la demanda y resolvió poner manos a la obra. El resto de los trabajos de que se habla incluyen acciones en Chucárit, San Pedro, 5 de Junio y así hasta llegar a Bacobampo. Pero antes que nada quedarán resueltos los problemas que en esta materia tienen San Ignacio y Tetanchopo.
No se habla en general de problemas menores. El terrible y mal estado de las carreteras internas existentes en el Sur de la Entidad, es algo que mueve a la preocupación. De suyo, es harto común escuchar todos los días denuncias y maldiciones que realzan las desastrosas condiciones en que se debate esa importante red caminera.
Debe ser evidente que se le dejó caer a lo largo de todo este tiempo. Sólo así se explican los niveles de perjuicio que se notan en el esquema carretero de que se habla. Muchas veces no se alcanza a comprender cómo y por qué se permitió que creciera el deterioro que terminó por alcanzar. Sin embargo, las cosas son como son, por más que se les quiera racionalizar en uno u otro sentido. De todas maneras, habrá que ver qué tan pertinente o útil es la reparación de los caminos sureños que se ha emprendido.