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Eduardo B. Almada


ENTRE MITOS Y LEYENDAS --SIN JARDINEROS-- SÓLO PITCHER Y CATCHER
Crecer ligado al béisbol a toda hora fue un placer. A lo largo de años escuchar historias, anécdotas, rumores, etc., algo fascinante, sin importar de quien proveyeran. Luego vino la práctica de leer, que ha sido una forma de confirmar o desvirtuar mitos y/o leyendas.
Si Joshua Gibson fue el Babe Ruth Negro, Satchel Paige debería ser el Walter Johnson de la raza negra. Sin embargo, las personalidades eran tan diferentes que es hacerles una injusticia. Quizá la mejor forma de reconocer al sensacional pitcher negro, quien fue un mercenario del deporte rey, es comprendiendo que fue único. Las historietas de su vida rayan en lo fantástico e incomparable, siendo tal vez prueba inequívoca, un par que vivió en su 1ra. experiencia de jugar con y contra equipos que primordialmente estuvieran conformados de protagonistas blancos, un detalle que por temporadas lo martirizó teniendo siempre el anhelo de llegar a las Ligas Mayores, para demostrar su calidad. En otras palabras, no le interesaba solamente debutar en el mejor béisbol del mundo ya que estaba plenamente seguro que lo superaría. Su deseo era enseñarles que en realidad había quien podía ser mejor, y muchos así lo estimaron.
Corría el año de 1933, luego que comenzara como profesional en 1926. Para entonces había jugado donde mejor le pagaran sin importar que daba brincos de liga en liga. Era tan bueno que los dueños toleraban sus deserciones, aunque solían con frecuencia fomentarlas porque cobraban extra por "prestarlo". El anuncio de su participación era motivo constante de incrementos en la asistencia hasta el 100%, siendo que los parques que usaban regularmente tenían cupo entre 3,000 a 5,000 personas; pero excederlo de ser necesario -y era común- a nadie molestaba. Todo mundo, sin impedimento de raza ni credo, quería verlo. Había una liga en Dakota del Norte, donde la población negra era menor del 1%; pero la rivalidad entre clubes excedía cualquier límite, destacando los equipos de Bismarck y Jamestown. El dueño de aquel sabía de Paige como el resto del País y viendo que su acérrimo enemigo que mantenía severo dominio habiendo contratado a unos "negros", contrató a Satchel por más de lo que había ganado a la fecha.
Le garantizó $400 dólares mensuales más algunos gastos y bonos, pagando de paso al club donde militaba. Semana antes había contraído nupcias.
La reacción del arribo al circuito junto con otros de su misma piel, fue motivo de racismo y discriminación; pero la esperanza de finalmente vencer a Jamestown, era muy poderosa y fue convincente en poco tiempo. El proceso fue duro y humillante. Un día harto por errores "intencionales" que cometían sus jardineros, Satchel dejó en claro su molestia en el dugout.
La réplica no tardó con insultos, sin dirigirlos directamente. Entraron al terreno y de repente, los 3 patrulleros se sentaron declarando una huelga.
Paige los vio y pidió que cantara el ampayer playbol, ponchando la tanda.
Como en todo, no deja de haber cierta admiración y respeto por la grandeza.
Paige sabía que no podría seguir con su rebelión y expresó su disculpa, así como sus "compañeros" se dieron cuenta que con él, nadie los pararía. Fueron campeones.
Neil Churchill, dueño del club y connotado vendedor de automóviles, solía ser abrumado por apostadores de Jamestown. En el debut de Satchel no dejó pasar la oportunidad. A la apuesta ofrecida de $500 dólares, respondió que fuera el doble. Tardó 9 innings en cobrar como en otras ocasiones cuando hasta dio tronchado. Paige se dio cuenta y empezó a sacarle jugo también, lo cual en lugar de inquietar al capitoste, lo estimuló. Un día sorprendió diciendo que ganaría el juego, con su costumbre de lanzar la ruta completa, removiendo a un jugador del terreno en cada inning. Al abrir la 9va. entrada quedaban él y su eterno receptor, Quincy Trouppe, otra estrella de las Ligas Negras. Había llegado junto con Paige y un par más de coequiperos, pues Churchill sospechó que la pareja Paige necesitaría de apoyo moral; y fue evidente. La victoria se dio sin otro ocupante en el cuadro así como tampoco en los jardines.
Es la 1ra. ocasión que con santo y seña, sabemos de sus incomparables hazañas, descritas por Larry Tye, quien en la dedicatoria de su libro, apunta: "Para Buck O´Neill (inmortal), Silas Simmons y otros veteranos de las Ligas Negras que entusiastamente compartieron conmigo sus historias"...
MUCHAS GRACIAS
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@toquesdebola