Por Ángel Villarino
AGENCIA REFORMA
WASHINGTON.- La actual 113 Legislatura del Congreso de Estados Unidos se convertirá en la menos productiva en la historia del País.
A falta de 27 sesiones, los congresistas han conseguido sacar adelante sólo 163 leyes, la mayoría sobre condecoraciones, presupuestos rutinarios o temas menores.
Asuntos prioritarios como la situación migratoria, los créditos universitarios o las reformas impositivas han quedado sin resolver.
“El problema hoy es la polarización y que los republicanos no quieren aprobar ninguna ley de las que (el Presidente) Obama respalda”, dijo Mark Rom, profesor de política estadounidense de la Universidad de Georgetown.
“Ningún republicano”, explicó, “quiere ser percibido como alguien que apoya a Obama porque temen perder las elecciones primarias en sus distritos ante candidatos más conservadores”.
Durante la legislatura anterior, que fue la más improductiva en la historia reciente del País, consiguieron sacar 284 leyes.
De entre los escasos debates que alcanzan el pleno, hoy menos de un 3% llegan al Despacho Oval y se convierten en leyes, una tasa muy inferior a la de años anteriores.
Con las presidencias de Bill Clinton o Ronald Reagan, la media rondó las 500 leyes por legislatura.
En el pasado, el ritmo era aún más intenso.
En 1948, por ejemplo, el Presidente Harry Truman se quejaba de sufrir un Congreso que no hacía nada, porque en una legislatura se aprobaron menos de mil leyes.
La parálisis no se debe a una menor actividad dentro del Capitolio, sino todo lo contrario.
“Los veteranos dicen que se trabaja más que antes, de hecho, porque hay que negociar todo y hacer mil propuestas”, explicó el asistente de un congresista demócrata.
A lo largo de los dos años que dura una legislatura, los congresistas disponen de 252 sesiones.
El tiempo que no pasan en el Capitolio lo dedican a hacer campaña en sus distritos, a actos de recaudación o a otras actividades relacionadas con su actividad política.
La versión oficial de los candidatos republicanos es que todas las propuestas demócratas se basan en pedir más fondos, cuando lo que necesita el País es justo lo contrario: reducir el gasto público y la deuda.
Por el contrario, la bancada demócrata acusa a los conservadores de boicotear todas las iniciativas y de poner los intereses partidistas por encima de los de la nación.
Cada sesión del Congreso les cuesta a los estadounidenses 30 millones de dólares y los índices de popularidad del Capitolio son mínimos.
Rom indicó que actualmente los partidos estadounidenses son muy ideológicos, lo que dificulta que trabajen juntos para lograr acuerdos.
“Los escenarios más probables, según los sondeos, nos deparará otra legislatura igual o más improductiva que las anteriores”, concluyó.