Autoridades estiman que son más de 300 las victimas del sicario del Cártel de Sinaloa

Por Daniela Rea

EL UNIVERSAL

CD. DE MÉXICO.- El pequeño letrero blanco clavado en una pared de ladrillos obliga a quien lo lee a voltear la mirada hacia el piso y casi de inmediato sentir que algo le quema en los pies. Bajo esta tierra existieron dos cisternas que durante 9 años se llenaron con 17 mil litros de personas desintegradas en sosa cáustica. No se sabe cuántas, no se sabe quiénes.

El terreno conocido como La Gallera está ubicado a las afueras de Tijuana, en una colonia popular construida con casas de material, cartón o lámina, encajadas con neumáticos viejos a los cerros, para evitar su derrumbe. En este lugar, en enero del 2009, Santiago Meza confesó haber desintegrado a 300 personas que el Cártel de Sinaloa le entregaba muertas. Familiares de personas desaparecidas creen que pueden ser más, pues en la Entidad hay al menos 900 personas que fueron arrancadas de sus hogares.

Hoy, gracias a la ley de extinción de dominio, el terreno donde fueron encontradas las fosas clandestinas, que solía ser un criadero de gallos, pertenece a las familias de desaparecidos quienes lo han convertido en un memorial, mientras continúan los esfuerzos por darles nombre a esos 17 mil litros de restos disueltos.

“Tardamos más de un año en encontrar este lugar”, dice Fernando Ocegueda mientras la camioneta surca los caminos de terracería que llevan al predio La Gallera, cerca del camino libre a Tecate. El único camino pavimentado es el que se construyó para llegar a una montadora de autos recién inaugurada.



Buscan desaparecidos

Fernando Ocegueda es un comerciante que divide su semana en la compra y venta de electrodomésticos, y la búsqueda de desaparecidos. Se involucró en ello en 2007 cuando Fernando, uno de sus tres hijos, fue secuestrado por un comando armado, entonces fundó la organización “Unidos por los Desaparecidos” que actualmente reúne a 140 familiares que buscan a 300 personas.

Fueron ellos, los familiares de desaparecidos y no las autoridades, quienes dieron con el sitio. Se enteraron de su existencia por un correo anónimo que llegó a la cuenta de Ocegueda en 2010. El mensaje contenía la declaración que Santiago Meza rindió ante la PGR un año antes, cuando fue detenido. En ella relataba cómo desintegraba los cuerpos con ayuda de dos jóvenes veinteañeros y los echaba en una fosa localizada por el camino libre a Tecate, en la colonia Maclovio Rojas, cruzando los ductos de agua, todo hasta arriba hasta topar con una caseta.

Con esas indicaciones, cada semana durante casi dos años un grupo de familiares recorrió la zona preguntando pistas a los vecinos para poder encontrar cuál de las decenas de galleras, era la señalada por Meza. Lo hicieron sin apoyo de las autoridades. La sorpresa mayor fue descubrir que ésta se encontraba a pocos metros de una caseta de policía municipal.



Ineficacia

“Un viernes que no tenía nada que hacer, ya muy desanimado porque no encontrábamos el lugar, un compañero me dijo que viniéramos y entramos por un lugar donde no habíamos entrado, ahí le preguntamos a la gente y una señora soltó que por ahí mataron a alguien y que a otro le cortaron la cabeza, así supimos que habíamos dado con el lugar. Lo tuvimos que encontrar nosotros, porque las autoridades teniendo la declaración, no buscaron nada”, recuerda Fernando.

Finalmente, de Santiago Meza se encontraron otros dos predios con fosas clandestinas conocidos como Loma Bonita y Ojo de Agua.

Hasta ahora los familiares han dado con 80 predios en Tijuana, pero sólo en cuatro de ellos encontraron restos humanos enterrados que están en proceso de revisión de ADN.

El rastreo continúa a través de lo que llaman Grupo de Búsqueda Ciudadana, que sigue funcionando con las denuncias anónimas que llegan al correo electrónico, como ocurrió con el caso del “Pozolero”.