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Por Gerardo Armenta Balderrama


+Una democracia cara
+Millones para el INE


La democracia en México bien podría ser un producto de lujo extremo. No tanto por la ejemplar vistosidad de sus realizaciones. Realmente lo que llama la atención es lo que se planea invertir para hacerla funcionar por parte del Instituto Nacional Electoral.
El anteproyecto de presupuesto del INE para este año (que será discutido hoy) asciende a un poco más de 19 mil millones de pesos. Un dineral. Tiene ese presupuesto un incremento de 9% en términos reales en relación con el proceso electoral federal 2011-2012. El aumento se explica por las 74 nuevas atribuciones que la reforma electoral diseñó para el INE. Obedece también al monto del financiamiento público que se otorga a los partidos políticos.
Los proyectos de ese organismo que tienen que ver con el mecanismo electoral del año entrante, suman más de cinco mil millones de pesos. Están también otros cinco mil millones de pesos que se destinarán a los 10 partidos que tomarán parte en las elecciones venideras. Una cantidad más por siete mil millones de pesos concierne a la propia operación del INE.
En este contexto, los tres nuevos partidos políticos existentes dispondrán de 480 millones de pesos para las elecciones federales y locales del año próximo. El Movimiento Regeneración Nacional, el Partido Encuentro Social y el Partido Humanista recibirán cada uno 13 millones de pesos mensuales.
De igual forma, los otros siete partidos políticos registrados se repartirán 5 mil millones de pesos. A los candidatos independientes que se registren para contender por una diputación federal, se les podrían destinar 7.7 millones de pesos en conjunto. No impacta mucho en este esquema el hecho de que, por ejemplo, los principales dirigentes de MORENA no percibirán ningún salario. Ellos son el líder del partido Martí Batres y el presidente del Consejo Nacional, Andrés Manuel López Obrador.
Más o menos en la forma descrita se produce la manutención de los diversos partidos políticos que hay en un país como el nuestro. Como queda de manifiesto, el dinero que se gasta (o que se pretende gastar ya con la rectoría del INE) asombra por la exageración de su monto.
En ningún lado actualmente la democracia es gratuita. Debe resultar claro que en todas partes es preciso oxigenarla con elevadas cantidades de recursos públicos. En México, empero, todo permite suponer que las autoridades electorales se pasan de la raya a la hora de marcar el financiamiento que necesitan para desahogar sus tareas.
Con los casi 20 mil millones de pesos que esas autoridades planean ejercer como presupuesto anual, se podrían hacer verdaderas maravillas en un país como el nuestro al tenor de las muchísimas necesites insolventes precisamente por falta de dinero para remontarlas. Es válido anotar que no se trata de afirmar que quienes hacen la política en México (los partidos), no requieren que se les suministre dinero para dedicarse a su quehacer. Tal sería un notorio contrasentido.
No en balde los partidos políticos están reconocidos por mandato constitucional como organismos de interés público, denominación que trasluce un rango de elevada significación pública, el cual pone de manifiesto la importancia que se les concede y ostentan como agrupaciones al servicio ciudadano. Por lo menos así hay que entender teóricamente estas cosas.
En la práctica es obvio que no funcionan rigurosamente de ese modo. Mucha de la descomposición que tiene la vida pública del país se debe precisamente a las formas de actuación de los partidos políticos, a los que no nada más porque sí se les acusa de haber instaurado una singular partidocracia que hace y deshace conforme a los intereses de quienes la integran.
Lo cierto es que nada de lo anterior significa nada nuevo en el contexto de que se habla. La única increíble novedad que puede traerse a mano en este campo es la que tiene que ver con el registro de tres nuevos partidos políticos. Antes de que este hecho ocurriera, propios y extraños daban por concedido que en México no podría ser posible que surgiera un partido político más.
La equivocación fue rotunda. Porque no sólo surgió un partido, sino tres de un solo golpe. Esto representó lo nunca visto o imaginado. Al final, también es difícil imaginar que una democracia como la mexicana cueste tanto dinero. Lo caro de su hechura no se corresponde con el esplendor que se esperaría de sus manifestaciones.