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Por Guadalupe Loaeza


El abuelo de Germán

Cuando era niña nada me gustaba más que colgar en el árbol las tarjetas de Navidad que recibía la familia. Éstas podían proceder de Canadá (donde trabajó mi padre muchos años), de Francia, de amigos o de familiares, o incluso de la farmacia o de la carnicería de la esquina. Por ejemplo la de mi tía Esthercita nunca fallaba: "La familia Aguirre les desea amor y paz en estas fiestas". Recuerdo que las que recibíamos de parte de personajes muy importantes las colgaba de las ramas más frondosas del árbol, hasta mero adelante con el objeto de que pudieran ser descubiertas sin problema, entre esferas y foquitos de colores: "La familia de Miguel Alemán Valdés les desea prosperidad y mucha felicidad para el año que viene". Así recuerdo haber colgado con mucho cuidado los buenos deseos de la familia de Gustavo Baz, del general Salinas y Rocha, de Walter Buchanan (ex secretario de Comunicaciones y Transportes), del doctor Ignacio Chávez, de Manuel Gómez Morin, de don Javier Barrios Sierra, etcétera, etcétera.
Ayer por la tarde, mientras caminaba por una de las playas de Acapulco, pensé que ya no se usaba ni mandar tarjetas de Navidad, ni mucho menos colgarlas del árbol. Nostálgica como me sentía, me pregunté a quién de mis amigos que ya se han ido del planeta Tierra, me gustaría mandar una tarjeta de Navidad. De inmediato me acordé de Germán Dehesa. Seguramente se debió a que hace unos días recibí de parte del editor Rodrigo Fernández Chedraui, un libro espléndido, titulado precisamente: Porfirio Díaz y Teodoro A. Dehesa. La obra es de Esperanza Toral Freyre. He aquí cómo le comentaría a Germán, en mi tarjeta de Navidad, acerca del libro de su abuelo, quien gobernara Veracruz, de 1892 a 1911.
Querido Germán: antes que nada muy feliz Navidad. No te deseo próspero año nuevo, porque seguramente donde te encuentras, no existe la prosperidad, ni el tiempo dividido, como en la tierra, por años. En México, desde que te fuiste, han pasado muchas cosas, como te podrás imaginar. Como sabes, porque ya te lo escribí en una ocasión, ganó el PRI y con la reciente Reforma Energética, ganó el PAN. El PRD está furioso. Ya no pudo hacer nada porque se levantó, antes de que pasara la Reforma, de la mesa de discusiones entre los tres partidos. El líder de Morena, López Obrador, desafortunadamente tuvo un infarto y se encuentra en plena recuperación. La CNTE sigue con sus movilizaciones en protesta por los artículos 3o. y 73 de la Constitución. Lo bueno es que sí iremos al Mundial. Eso es lo único que consuela a los mexicanos en estos momentos...
¿Por qué, Germán, nunca me habías platicado acerca de tu abuelo? Que yo recuerde no solías escribir mucho a propósito de Teodoro A. Dehesa. Tal vez no te gustaba hacer alarde de este aspecto de tu familia, pero ahora que he estado revisando el maravilloso libro de tu abuelo, me parece que se trató de un gran mexicano valiente y comprometido. La edición es particularmente bella y bien cuidada por todas las fotografías y documentos que contiene; tiene 351 páginas de papel couché en formato coffee table book. En la obra se publican muchas cartas escritas en puño y letra de tu abuelo dirigidas a Díaz y la contestación del Presidente. Por lo general, en sus misivas tu abuelo se despide de él con mucho afecto: "Quedo como siempre de Ud. Adicto amigo que lo quiere y le desea todo bien. T.A.D". En la página 52, vemos la fotografía a toda página de Teodoro A. Dehesa (1848-1936) en color sepia, enmarcada muy al estilo del siglo XIX. Tengo la impresión que le heredaste su mirada, profunda y melancólica a la vez. Esta fotografía corresponde a cuando tenía 24 años y trabajaba, en un puesto comercial, en el puerto de Veracruz. Fue en esa época que conoció a Porfirio Díaz. Una vez que advirtió todas las virtudes de tu abuelo y su enorme honestidad, lo hizo director de la Aduana de Veracruz (1880-1892), diputado federal, senador y gobernador. Ahora me explico, Germán, por qué donaste a Veracruz tu biblioteca de 9 mil ejemplares. Sé que cuando tu abuelo era gobernador de este Estado, impulsó de manera singular la educación y otorgó muchas becas a los más necesitados. Impulsó escuelas elementales y superiores y mandó construir muchas bibliotecas. Ambos, abuelo y nieto, han dado a Veracruz un gran acervo cultural y educativo. Mexicanos como ustedes dos son los que hacen falta a este País, el cual dejaste tan huérfano y desconsolado.
Permíteme despedirme de ti, como solía hacerlo tu abuelo con don Porfirio Díaz: "Quedo como siempre de Germán. Adicta amiga que lo quiere y le desea siempre el bien". GL.

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