Acusa titular de la STPS al sector empresarial de mal utilizar los privilegios fiscales que buscaban ayudar a la productividad y a la capacitación de trabajadores


Por Rogelio Cárdenas Estandía

EL UNIVERSAL

CD. DE MÉXICO.- La reforma energética pondrá a prueba tanto al sindicato de trabajadores petroleros como al de los electricistas, los cuales tendrán que transformarse y ser mejores, consideró Alfonso Navarrete Prida, quien ofreció que en este proceso el Gobierno Federal está dispuesto a apoyarlos. “No es un tema que ponga en riesgo su existencia”, aseguró.

En entrevista con El Universal, el secretario del Trabajo salió en defensa de la Reforma Laboral y expresó que a la dependencia que encabeza no le preocupan los más de seis mil amparos gestionados por los sindicatos.

“Están en su derecho constitucional”, dijo el funcionario, quien agregó que pese a los miles de amparos no ha habido una sola suspensión que pueda decretar un juez para que (la reforma) no se aplique. “Seguimos adelante”, enfatizó.



A poco más de un año de que se promulgó la Reforma Laboral no se han obtenido los resultados esperados en la creación de empleo, en la aplicación del “outsourcing”, en la certeza jurídica en contraprestaciones, en justicia laboral y competitividad ¿Qué ha faltado?

Ninguna reforma en materia de trabajo genera empleo por sí misma, lo que genera empleo es el crecimiento económico y la Reforma Laboral es una herramienta que ayuda a flexibilizar las condiciones de contratación, para que en una dinámica de crecimiento el empleo se produzca.

A poco más de un año es difícil tener una evaluación completa de lo que ha sido la reforma, porque el año pasado la economía creció 3 puntos menos del pronóstico esperado. Sin embargo, hay muchos indicadores positivos sobre lo que ha sucedido. En 2013 crecimos oficialmente a una tasa de 1.3%, eso significa la creación de alrededor de 200 mil empleos, pues cada punto porcentual de crecimiento económico se generan aproximadamente 200 mil empleos, dependiendo el sector en dónde haya crecido más.

No obstante, el número de altas en el IMSS, (Instituto Mexicano del Seguro Social), que es un instrumento no perfecto, el año pasado cerró con 463 mil altas. ¿Qué significó? Que 200 mil fue por la creación del empleo dado el crecimiento económico, y la diferencia fue producto de la formalización en el mercado laboral.



Con relación a la meta de crecimiento económico para lograr un millón de empleos, la Secretaría de Hacienda menciona que probablemente será hasta 2017 ó 2018 cuando alcancemos el 5% sostenido. ¿Es decir que vamos a tener un déficit de aquí a esas fechas en creación de empleos?

En creación de empleos sí, pero debemos avanzar en que sea generación de empleos de calidad y tenemos incentivos reales para formalizarlo; por lo tanto, es posible crecer a tasas más altas en el IMSS y disminuir nuestra informalidad.

Por eso el Presidente de la República ha sido muy enfático en que la tasa de crecimiento que necesita el País es de 5% para crear el millón de empleos que se requieren para crecer y absorber a todos los jóvenes que entran a la fuerza de trabajo, que son 800 mil, y disminuir la informalidad.



En cuanto a la reforma, hay expertos que mencionan que no ha habido un avance por el desconocimiento jurídico, por una redacción confusa y ambigua, lo que ha afectado su aplicación. Muchos dicen que esto fue resultado de que se tuvo que trabajar a contrarreloj.



¿Faltó discusión?

No, porque discutir una reforma de temas emblemáticos en México, como el Artículo 123 o el 3ro Constitucional, puede llevar años. Lo que aquí sucedió fue que estábamos en plena transición.

Esta reforma fue la que empezó a perfilarse en lo que ahora conocemos como Pacto por México, y había que buscar equilibrios, pues era la primera vez en 42 años que se modificaba la Ley Federal del Trabajo y había dos temas que generaban mucha efervescencia: la transparencia sindical, en términos de la elección de los dirigentes de las mesas directivas y la rendición de cuentas; y, por otro lado, la regulación y protección de los derechos laborales a través de la subcontratación. En estos dos temas gravitaban la defensa de los sindicatos, y la parte empresarial.

De este equilibrio de cosas salió una redacción del Artículo 15 que se ha prestado a mucha inquietud por parte de empresarios con relación a dos fracciones que les generan mucha duda: la totalidad de los trabajadores y las obligaciones de patrón sustituto o solidario en el caso de una controversia.

El sector empresarial dice que no ha hecho contrataciones bajo “outsourcing” por miedo a cometer un error y hacerse acreedor a multas, porque no es claro el texto.

Lo cierto es que tampoco hemos tenido problemas en la Junta Federal de Conciliación y Arbitraje con respecto a la aplicación del texto. COPARMEX ha planteado que se reabra la discusión de la Ley Federal del Trabajo.



Una reforma de segunda generación.

Así es. Yo ya platiqué con las cámaras (empresariales), y les señalé que estábamos muy sensibles a esta inquietud, pero que había tres formas para poder modificar ese artículo. Una de ellas era la reforma legislativa, a la que yo me oponía porque el principio que rige una ley es el de la seguridad jurídica; es decir, una ley está hecha para que dure en el tiempo y no la estés cambiando, ya que genera más inquietud de lo que ayuda; y segunda, sin modificar la ley hay dos caminos que nos llevan a ese objetivo de clarificar el artículo: uno es reglamentar el Artículo 89 de la Constitución, facultad que tiene el Ejecutivo, y otro es mediante un criterio judicial.



¿Por qué no se han desahogado ni los criterios ni los reglamentos?

Quedan pendientes seis reglamentos, de los cuales cuatro son sustantivos y dos son de carácter administrativo. Los cuatro reglamentos que quedan pendientes ya pasaron por COFEPRIS; es decir, ya están hechos para que no generen mayor regulación, y estamos en la etapa de los refrendos de las otras Secretarías, por lo tanto en breve deberán de estar terminados.



En relación con el “outsourcing”, ¿es una figura que bien regulada funcionaría correctamente, o se le ha satanizado?

Creo que es un fenómeno mundial de contratación que no se va a detener. El “outsourcing” es como el colesterol hay bueno y malo, por lo que se necesita hacer una redacción que únicamente deje el colesterol bueno. Por ello, hay que regularlo correctamente, interpretarlo sanamente y caminar en esa dirección, porque baja costos. Hay cosas y artículos que una línea de producción no puede hacer y sale más barato que lo fabrique una empresa que se dedica a eso. Éste es en realidad el principio del “outsourcing”: subcontrato a una empresa para que me complemente lo que yo no puedo hacer. Si eso lo llevamos al otro lado, que es el “colesterol malo”, de que mando a todos los trabajadores al “outsourcing” para que me fabriquen todo, que todos estén contratados por subcontratación sin beneficios ni prestaciones, pues ahí es cuando estamos abusando. Hay que buscar un equilibrio como todo en el mercado laboral, y creo que lo vamos a lograr este año.



En 2013, México retrocedió 11 lugares en el índice de eficiencia del mercado laboral que genera el Fondo Económico Mundial, ¿a qué se debió?

Hemos perdido competitividad en varios factores, los principales: una percepción en los años anteriores de corrupción; una mala administración del mercado, falta de eficacia en el mercado laboral, y que México no se había abierto a nuevas posibilidades como lo ha hecho ahora con las reformas estructurales. Eso lo hacía un País poco competitivo con respecto a otros que tenían mejores condiciones para atraer inversiones.

En agosto, cuando se publiquen de nuevo los índices de competitividad, seguro México va a escalar varios lugares, como ya está sucediendo a través de las calificadoras que ven un País con capacidades de desarrollo de todo su potencial.



Para terminar con el tema de la reforma: a un mes de que se avaló varios sindicatos se ampararon, y hoy en día ya suman más de 6 mil amparos suscritos. ¿Es un foco de preocupación?

No, es un derecho constitucional que tienen. La Secretaría tiene confianza en la reforma que expidió el Congreso, tiene una base constitucional, no viola derechos, y (los amparos) se tendrán que resolver en el momento que así lo considere la Corte. Miles de amparos ya han sido desechados o sobreseídos, quedan otros que desde luego deberán agotar la instancia jurídica, y no ha habido una sola suspensión que pueda decretar un juez para que no se aplique la reforma laboral.



Con relación a la Reforma

Hacendaria, fiscalistas consideran que los trabajadores pueden resentir la reducción o eliminación de prestaciones laborales, debido a que éstas ya no son libres de impuestos.



¿Cómo ve este fenómeno?

No comparto esa percepción. Las empresas aducen que se les han aumentado los costos laborales en alrededor de 8%, y señalan como argumento que al ya no ser deducibles ni capacitación, ni la productividad, ya no las van a pagar. Textualmente alguna vez algún empresario me dijo “pues nosotros le vamos a decir a los sindicatos que es por culpa del Gobierno que ya no les pagamos eso”, a lo que yo le contesté “hágalo y se va meter usted en un problema”, porque la obligación contractual la establece el patrón con el sindicato, no el Estado. Se hizo un muy mal uso de una figura jurídica, que era un privilegio fiscal para ayudar a la productividad y a la capacitación de trabajadores, y que el País creciera. El resultado es que durante los últimos 10 años el País perdió cada año 1.5 en productividad ¿Por qué? Porque en lugar de verlo como la gran oportunidad de que el Estado esté subsidiando la capacitación de los trabajadores y que se hagan cláusulas de productividad con beneficios compartidos lo que hicieron los empresarios fue meterlo como una prestación más en la negociación salarial. Ese beneficio fiscal se desnaturalizó y lo que se hizo fue, con cargo a los ciudadanos, para que los empresarios pudieran aumentar salarios por vía indirecta.



¿Qué postura tenía la IP?

Los empresarios estaban muy enojados, y yo les decía “ustedes no están viendo las reformas en su conjunto”. Cuando el Presidente toma la severa decisión, junto con los partidos políticos, de establecer el Pacto por México e ir por la Reforma Educativa, abrir el sector de telecomunicaciones, reformar al sector financiero, cuando se pone sobre la mesa una Reforma Energética los empresarios hasta matracas sacaban y decían, “¡qué bárbaro, ahí vamos!”. Pero sale una Reforma Hacendaria, que sigue manteniendo el mismo principio que las otras de crecer y tener una sociedad más igualitaria, y ahí sí (dicen) “¡No pues, éstos son los mismos!”. Como que es muy curioso, ¿no?



En el tema de futuras contrataciones, ¿usted cree que los empresarios caigan en el extremo de decir “sólo vamos a darle al trabajador lo que corresponde por ley”?

Puede ser, pero al final de cuentas el que pierde es el patrón. En la medida en que el empresario tiene un trabajador más calificado, con certificación de habilidades y capacitación, sobre todo en empresas en un entorno de crecimiento económico, gana más como empresario. Es un grave error creer que teniendo a trabajadores con prestaciones bajas y salarios bajos, se va a tener productividad.



Para redondear, simplemente lo que se hizo fue que el Estado dejara de subsidiar prestaciones para las empresas, ¿es correcto?

Lo que se hizo fue un asunto de equidad. Fue seguir un principio distributivo y progresivo de los impuestos: paga más impuestos quién más gana, y esos impuestos van a financiar a los que menos tienen en México. El 90% de todas las deducciones y privilegios fiscales que la ley daba estaban dirigidos al 10% de los hombres más ricos. Quiero preguntar si eso era equidad en el pago de los impuestos o eran privilegios.

El principio es que el País tiene que crecer a 5%, y tenemos que ser más igualitarios con los que menos tienen. De que el País tiene que cambiar no tengo duda, en el diseño institucional estamos siguiendo la ruta correcta.



Cambiando de tema, usted comentó que tanto el sindicato petrolero como el electricista deben pasar de uno de empresa a uno de industria.

¿Cómo será esta transición?

Va a ser una transición interesante, porque al dejar de ser (PEMEX) una empresa monopólica, que estará en contacto con otras grandes compañías o incluso naciones, (el sindicato) tiene que transformarse y verlo como una oportunidad, lo cual implica cambios a sus estatutos.

Tiene que haber muchas cosas, como el cuidado de los trabajadores que son altamente calificados y, además, ver en qué somos muy buenos para que ahí el País se dedique a explotar, con un sindicato poderoso, pero sólido y productivo. Hay que analizar en dónde tenemos problemas, como sería en la explotación en aguas profundas, para aprender, capacitarnos, traernos a los mejores del planeta y co-asociarnos.



¿Con el cambio de estatutos se tendría que volver a modificar la estructura del sindicato?

No necesariamente, eso depende de sus propios estatutos internos y de los tiempos en los que ellos vayan a hacer sus modificaciones. Sí quiero dejar muy claro, que al margen de esto, está el tema de la autonomía sindical, y el Gobierno Federal está dispuesto a apoyarlos en su transformación; no es un tema que ponga en riesgo su existencia, sino que los pone a prueba para crecer y ser mejores.



¿Se crearán nuevos sindicatos?

Probablemente sí, por eso digo: hay una transformación, va a depender de la capacidad de nuestros sindicatos para hacerse mucho más atractivos en la contratación de algo que sí saben hacer, a que lleguen otros empleados y decidan tratar de constituirse bajo otras leyes y en sindicatos distintos. La legislación que va a regir será la de México y convendrá más contratar sindicatos locales.



¿Es decir va a depender de qué tan bien se transforman los sindicatos para que las firmas los escojan?

Así es, para que sean competitivos. Llevan mano, por ley los primeros que tienen que ir en la apelación son los nuestros (sindicato petrolero y electricista).



El sindicato de Petroleros de la República Mexicana firmó un convenio con PEMEX para ver que no se vean afectados los trabajadores ni sean despedidos ¿Hay algo similar para la CFE?

Sí porque además, aunque no lo hubieran firmado, la Ley Federal del Trabajo protege a los trabajadores y cualquier modificación que se tuviera que hacer, tiene que ser en los tiempos que se establecen en las revisiones de contrato colectivo, no salariales, y esas tienen fechas fatales porque hay mesas que se ponen, emplazamientos y sobre esas se discute cualquier nueva condición o contratación.



¿Pero sí hay un convenio del Sindicato Electricista con la CFE para eso?

Hay un compromiso y una alianza histórica.