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Por Dinorath Mota
EL UNIVERSAL
ACAXOCHITLÁN.- La Sierra es difícil y eso lo entiende Carmelita Cruz, conoce que la pobreza y la impunidad son el día a día en la región Otomí-Tepehua de Hidalgo y ahí, donde un cartón de cerveza vale lo mismo o más que una mujer, ella alza la voz. La adolescente de 13 años se ha convertido en una defensora de los derechos humanos, principalmente de las mujeres, “no deben ser vendidas, no pueden ser cambiadas y tampoco pueden ser golpeadas”, recalca la menor.
Su figura espigada, cabello largo y rostro de niña, contrastan con su actitud y conocimientos, que la muestran como una persona decidida a luchar.
Verónica, madre de Carmelita, comenta que la joven, desde los ocho años preguntaba por qué unos tienen mucho y otros nada; el por qué del maltrato, robo y despojo a indígenas.
“Mi papá trabajaba para la Comisión de Luz y Fuerza y salía a las comunidades, yo me iba con él y un día vimos cómo le quitaban su casa a un señor, no entendía qué pasaba, pero sabía que era algo incorrecto”.
Carmelita, entonces de ocho años, ignoraba que estaba frente a un despojo y su primera reacción fue proteger a los niños, a un padre impotente que no sabía defenderse y a una mujer asustada.
Esas imágenes quedaron grabadas en la mente de Carmelita, quien en la actualidad estudia el primer año en la telesecundaria 207 de la comunidad; a partir de ahí, los libros y libretas se convirtieron en sus principales amigos, aquellos que -dice- la llevarán a cumplir su meta: ser abogada.

Pobreza en el paraíso
La belleza de la naturaleza en la comunidad de los Reyes en Acaxochitlán contrasta con las calles polvosas, casas en obra negra o de madera, con la pobreza y las mujeres que se esconden ante los extraños y con Carmelita.
En los Reyes y en otras comunidades de Acaxochitlán, los hombres tienen dos caminos, trabajar como jornaleros o buscar un futuro en Estados Unidos; las mujeres no tienen a donde andar.

Niñas, moneda de cambio
Carmelita fue premio estatal de la juventud en 2013. Tras el despojo de aquella familia comenzó el interés por defender a su gente, su camino se cruzó con María de Jesús Villegas, dirigente de la ONG Enlace Ciudadano, que la orienta y enseña sobre los derechos humanos, además de acercarla con la asociación civil Semillas.
Algo que ha marcado la intención de Carmelita por ser abogada e impedir que las niñas valgan lo mismo que un animal o una cerveza fue la historia que presentó ante el Instituto Estatal de la Juventud.
Santa Ana Tzacuala, otra comunidad de Acaxochitlán, sería el escenario. Acompañada de su hermano, Carmelita visitaba la localidad, pero la tranquilidad se rompió cuando una niña de 10 años era llevada a rastras por su padre a una cantina, la intención era intercambiarla por un cartón de cerveza.
El caso no pasó desapercibido para ella, quien solicitó el apoyo de María de Jesús para hacer la denuncia y evitar que la niña fuera utilizada como moneda de cambio. De ella sólo se sabe que se logró evitar su intercambio, pero ahora cada una ha seguido su camino. “Yo les digo a las niñas que no se dejen, que ellas valen mucho, hay ocasiones en que vienen a verme y me preguntan cosas, que ya se quieren casar, pero yo les digo que no, que lo piensen bien”.
Su voz ha sido escuchada por las niñas de su pueblo, pero no por su hermana Violeta, quien fue su madrina al salir de la primaria, recuerda que entonces le pidió libros y material para la escuela, pero a cambio recibió un celular que gustosa cambiaría por los libros; pero el pequeño aparato rosa le trajo una de las noticias más importantes que ha recibido: una llamada de María para decirle que ganó el premio estatal de la juventud.
Una tableta y 7 mil pesos fueron su premio, parte del dinero fue utilizado para poner un puesto de dulces que ayuden a sus padres con el gasto de la casa, donde habitan dos de sus hermanos, un sobrino, sus padres y ella.
La construcción de dos cuartos de block que hacen las veces de recámara y una cocina de madera, con apenas lo indispensable, afuera un fogón y en el fondo de la casa una letrina, son las pertenencias de la familia Cruz Ramírez, quienes ahora tienen una posesión mucho más valiosa, y esa es Carmelita, la futura abogada.