Por Gerardo Armenta Balderrama


+Mundial de Brasil
+Equipo Mexicano

A una semana de que inicie la Copa del Mundo Brasil 2014, la Selección Mexicana de Fútbol no parecería estar en condiciones de eficiencia para tomar participación en un evento de esa naturaleza. Su más reciente compromiso en Estados Unidos frente a Bosnia Herzegovina resultó deprimente en más de un sentido, dicho sea según los expertos en la materia.
El adverso marcador de 1 a 0 lo dice todo. De acuerdo con esos expertos, la estrategia del director técnico de la oncena nacional Miguel Ponce (para colmo de mala suerte apodado "El Piojo") no presentó mayor novedad y mucho menos mejoría. En otras palabras, todo sigue en las mismas. En ayuda de justificación, bien podría decirse al respecto que nunca ha sido posible pedirle peras al olmo.
Para ser francos, el drama del fútbol mexicano profesional radica en que es precisamente un drama. Con ilusión digna de mejor causa, cada cuatro años se matiza la convicción de que el equipo mexicano bien podrá lucir en el mundial de fútbol. La esperanza no dura mucho porque de buenas a primeras suele quedar destrozada. Esta vez, sin embargo, acaso la desilusión haya surgido más temprano que nunca.
En los años transcurridos no se ha visto que el nivel propio del balompié nacional haya subido puntos de calidad. Manipulado o deformado por la televisión, en tanto que le considera una fabulosa minita de oro por la seriedad y el entusiasmo que le dispensa la afición, el fútbol en México suma años de letargo y carencia de brillantez. Con el truco del Mundial se le busca despabilarlo cada cierto tiempo, y quizá se logre el objetivo, precisamente por la nobleza de la afición.
Pero el sueño feliz no dura mucho. El martes anterior el también llamado Tri brindó en Chicago una muestra de la manifiesta incapacidad futbolística que le distingue en vísperas del más importante compromiso de todos cuantos pueda asumir. Por lo que se infiere, en México propios y extraños están listos (las televisoras ni se diga) para el Mundial, más no así la Selección Nacional que muestra en estas alturas increíbles e inaceptables fallas de juego.
En su condición de entrenador, "El Piojo" sabe que difícilmente podrá librar con mínima solvencia técnica o ganadora los eventos de cancha que le aguardan al seleccionado en Brasil. La pobreza del equipo, en la visión de los que saben de estos menesteres, llega al extremo de que ni siquiera cuenta con un jugador estrella o líder que guíe a los demás.
"El Piojo" debe tener una apuesta propia, si bien no se sabe cuáles son sus términos. Con facilidad de palabra, o por lo menos sin miedo para enfrentar periodistas con cara de pocos amigos, el señor Miguel Ponce se ha dedicado a hablar hasta por los codos sobre una materia como el fútbol. Una reciente plática suya con la revista Proceso genera en su lectura corrientes de simpatía para el técnico nacional por la forma en que aborda los temas que le fueron planteados.
Debe ser cierto, como dijo "El Piojo", que la patria no está en riesgo cada vez que juega la Selección Nacional, como efectivamente quizá se haya querido inculcar esa noción a lo largo del tiempo. Si tal fue el propósito, no es de creerse que la idea haya prosperado. Porque unas cosa es apersonarse tumultuosamente en el Ángel de la Independencia (Ciudad de México) para celebrar triunfos o lamentar traspiés en el terreno de juego, y otra muy distinta que esos resultados tengan algo que ver con la patria, muy ajena siempre, por fortuna, a esa clase de veleidades.
Aun así, no puede siquiera ponerse en tela de duda la existencia en México de una cuantiosa y formidable afición que apuesta alma, corazón y vida a la gloria de la Selección Nacional de Fútbol, tanto en las buenas como en las malas. Siquiera por esta evidencia, los elementos del Tri deberían hacer hasta lo imposible por no defraudar a tan fieles seguidores. Ciertamente, esto es lo menos que podría esperarse de su parte. Aunque parecería estar en chino que puedan lograr un exitoso desempeño en el Mundial de Brasil.