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Por Mariana León
EL UNIVERSAL
CD. DE MÉXICO.- Miguel Ángel Benito Morales lleva un tiempo viviendo en el Distrito Federal. Tiene 30 años y ha sido maestro rural por más de 10 en Guerrero y ahora, como otro más de los más de 193 mil aspirantes registrados, espera afuera de la Secundaria Técnica 14 para realizar el examen que lo ayudará a obtener una plaza en alguna de las primarias públicas de la Ciudad de México. Es la única forma para ganarse un lugar, de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Egresado de la Universidad Pedagógica Nacional le gustaría trabajar cerca de Xochimilco, donde vive.
Antes de entrar a realizar la prueba, Miguel Ángel está confiado, dice que se preparó y conoce las preguntas del programa de estudios.
“Si no me quedo en esta plaza me sentiría algo frustrado, porque sí me he estado preparando y revisando la bibliografía, desde que hice el registro, pero si no me quedo... ni modo, será para el próximo año y lo voy a volver a intentar”.
Después de casi tres horas respondiendo los reactivos de la prueba -monitoreada de cerca por los observadores de las organizaciones Mexicanos Primero y la Unión Nacional de Padres de Familia- Miguel ya no se siente tan confiado.
Los maestros que aplican para una plaza coinciden que, sin que se planteara en la guía, se incluyeron preguntas sobre “bullying” y cómo reaccionarían ante escenarios de violencia en el aula.
Aranza Paredes, de 25 años, es una de las primeras en terminar su examen. Le tomó poco menos de hora y media. Sobre el tema de acoso escolar explica: “Vienen cuatro o cinco preguntas, sobre qué acciones tomar si se molesta a alguno de los alumnos, cómo debes actuar... vienen opciones como dialogar con los padres o los directores del plantel”.
Para ella, este examen es la única oportunidad para obtener una plaza en una escuela pública, “somos docentes que en verdad queremos y yo creo que sí me voy a quedar, desde el año pasado quería hacer el examen. Los niños que están en escuelas de Gobierno son quienes nos necesitan, antes las plazas se heredaban, pero ahora ya se pueden competir”.
Daniela Alexanderson tiene 27 años y es egresada de la Escuela Nacional para Maestras de Jardines de Niños. Como la gran mayoría de quienes presentan la prueba desconoce cuántos aciertos necesita para obtener una plaza. Pero no tiene esperanzas, sólo realizó el examen para tener opciones, porque es lo que se debe hacer cuando se busca trabajo.
La última vez que revisó la página de internet para saber las plazas disponibles para los preescolares públicos el número era cero.
“Aunque me quede con el número de aciertos, sé que no hay puestos, tienes que esperar a que alguien se jubile, además es el peor trabajo que puedes tener, las aulas tiene más de 35 niños y lo ideal es que se tengan 20 máximo; además son las peores pagadas”.
Yolanda Ventura tiene 47 años y 21 de experiencia docente. Ahora lleva cinco años en una escuela pública bajo la figura de “interinato”, pero quiere tener la plaza. Cuando se le pregunta sobre sus posibilidades de quedarse, responde “la verdad, aún no lo puedo saber”.