Por Natalia Gómez Quintero
EL UNIVERSAL
CD. DE MÉXICO.- De los más de dos millones de mexicanos que han sido deportados de Estados Unidos a México, entre 2009 y 2014, pocos han tenido la fortuna de encontrar un trabajo en su país.
De acuerdo con números del Consejo Nacional de Población (Conapo) y el Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi), de esos que han vuelto 70% han encontrado trabajo, pero la mitad de ellos en la economía informal.
De los que trabajan, 80% no tiene alguna prestación laboral y 70% ganan entre uno y dos salarios mínimos. De esos dos millones se calcula que 500 mil son jóvenes en edades productivas de entre 18 y 35 años.
“Representan un reto para el país, ante la falta de oportunidades laborales o de educación para lograr su reinserción social”, señala Genoveva Roldán, del Instituto de Investigaciones Económicas (IIEc) de la UNAM, quien asegura que no existen condiciones para emplearse en nuestro territorio, que carece de un mercado laboral amplio, sostenido y con trabajos bien remunerados.
Aseguró además que la disminución de los flujos migratorios y el regreso de connacionales no pueden explicarse por la mejora de la economía nacional, porque en los últimos 25 años los salarios han perdido 76% de su poder adquisitivo, el Producto Interno Bruto (PIB) per cápita es de 10 mil 130 dólares al año y tres de cada cuatro empleos son creados en el sector informal.
Resaltó que la tasa de desempleo general en aquel país en julio de 2013 fue de 7.4%, pero entre la población latina era de 9.4%. Añadió que la construcción es uno de los sectores más perjudicados por ese problema, con una tasa de desocupación de 15.7%, y es precisamente ahí donde se ocupa 20% de los mexicanos que van a Estados Unidos.
La especialista aseguró que los programas de repatriación impulsados por el gobierno de México sólo se enfocan en lograr un retorno seguro, pero no procuran el insertar a los migrantes en un mercado laboral, ni siquiera local.
Describe que la actual política migratoria, contenida en la legislación de 2011, sólo considera a los migrantes de tránsito y de destino, pero no a los mexicanos que salen de su país y retornan por alguna razón.
“Al no haber la capacidad de recibir a los retornados, otros problemas sociales pueden crecer debido a esa falta atención de las oportunidades”, señaló.