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Por José Escobar Zavala
Cronista de la Ciudad


La mañana del pasado miércoles 25 transcurrió hasta el filo del mediodía en un ambiente de sorprendente quietud, algo que en lo personal no había visto desde hace muchos años. Todo ello consecuencia, es obvio, del masivo jolgorio de Nochebuena que horas antes disfrutamos todos los cajemenses principalmente en el seno de nuestros hogares, al lado de familiares y cercanas amistades.
De vuelta a la tranquilidad, es en estas ocasiones cuando aquilatamos el crecimiento de Ciudad Obregón, la antigua Cajeme, al paso de Cronos. Por lo regular estamos conscientes del crecimiento citadino por la gran cantidad de vehículos chuecos y derechos, que diariamente congestionan nuestras vialidades, y más aún en fechas tan especiales como son las fiestas navideñas, celebración del natalicio de Nuestro Señor Jesucristo y bienvenida para un nuevo año.
A tal grado es el ritmo de crecimiento y conurbación con las comisarías de Esperanza y Cócorit, que ya podemos asegurar que falta poco para que se cubran totalmente todos los espacios que aún quedan libre. Esto por Norte, y que por el Sur ya falta poco para que la industria de la construcción llegue al Aeropuerto Federal, y por los rumbos del Este y Oeste, también la penetración de nuevas colonias es impactante.
Todo comenzó cuando a fines del siglo diecinueve, el entonces Presidente Porfirio Díaz Mori, firmó una concesión a nombre de Carlos Conant Maldonado, para la creación de un sistema de riego tendiente a convertir en un emporio productivo las tierras enmontadas del Valle del Yaqui. Ya Conant tenía conocimiento de que en los planes de la Cía. del Ferrocarril del Pacífico figuraba una línea férrea que cruzaría por esta parte de Sonora. Para ese entonces ya estaba en construcción el Canal Bajo principal, y la venta de terrenos a extranjeros de varias naciones, adquirientes de los predios que se iban desmontando.
Con la llegada del ferrocarril nacieron las primeras casas del sector Plano Oriente, ocupadas por personal de cargaduría al servicio de molinos arroceros y trigueros. Luego surgieron casas al Poniente de la vía, como una especie de tianguis. Pero al arribo mayoritario de visitantes fue a raíz de que el ex-Presidente de México, General Álvaro Obregón, decidió establecerse con su familia en la Hacienda del Náinari , una vez que concluyó su mandato presidencial, de 1920 a 1924. Abrió gran cantidad de empresas y su ejemplo cundió para que importantes empresas de Navojoa, Guaymas y Hermosillo, instalaran sucursales en Cajeme. Y de ahí "pal" real, a pesar de la falta de apoyo por varios gobiernos estatales, nuestra Ciudad sí fue siendo una fuente ideal para la inversión.