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Piden a Parácuaro tomar armas


Por Lydiette Carrión
EL UNIVERSAL
PARÁCUARO.- "¿Quién está de acuerdo con que se baje la carne y la tortilla?", gritó desde la tarima el "Comandante 5", Alberto Gutiérrez. Y un rugido de aprobación vino de más de mil 300 personas.
"Ya no le tienen que dar dinero a nadie", agregó Gutiérrez, alto, blanco y ceñudo, desde un templete, acompañado por una decena de líderes de las autodefensas. Al fondo, una estatua que homenajea a Juan Gabriel en su tierra natal, era testigo. "Ahora, pueden establecer precios bajos. Ya no tienen que pagar renta a nadie".
En las zonas donde domina el crimen organizado, como Parácuaro, se ha hecho costumbre una modalidad de extorsión, sobre todo a los comerciantes, quienes deben aumentar el precio de sus productos para cubrir "la cuota".
Aquel fue el grito de guerra que dio inicio a la tercera asamblea en Parácuaro, desde que los grupos de autodefensa tomaran esa cabecera municipal, el sábado pasado. Este miércoles, los líderes hicieron un llamado a los pobladores a organizarse, fortalecer las barricadas y participar activamente. Para el domingo, la comunidad deberá elegir a un líder, que será su interlocutor directo. Y posteriormente un comité ciudadano, de 10 personas, para tomar decisiones colectivas.
Pasaban de las cuatro de la tarde. Entre decenas de hombres armados, la asamblea era festiva en medio del estado de excepción. Apenas el fin de semana pasado, cuando llegaron los comunitarios, hubo enfrentamientos. Mataron a uno de los suyos y a otro de los "otros", de aquellos que, acusan, están vinculados al crimen. La muerte era fresca, pero después de que el "Comandante 5" hablara de los precios, un niño gritó:
-¡Que también baje el pollo! -y el pueblo rió a carcajadas. Otro más preguntó sobre la gasolina. Y el comandante reviró que eso sí le correspondía al Gobierno Federal.
El "Comandante 5", que durante la asamblea asumió el liderazgo, insistió a aquellos que hubieran "cometido errores" o que "hubieran andado en malos pasos" para que regresaran a la comunidad. Se aceptaría a todos, excepto a aquellos que hayan matado. "Todos tienen cabida, menos los asesinos".
Después dio la palabra a Jesús Bucio, líder de las autodefensas de Tancítaro. El micrófono le temblaba en la mano. No es un hombre acostumbrado a hablar en público. Explicó que ellos se armaron allá dos meses atrás, después de que los criminales secuestraran, violaran y mataran a una niña de 15 años por la que pedían un rescate. Añadió: "Soy gente trabajadora. La necesidad me hizo ponerme esta grupera de macho", y señaló sus charreteras, su arma.
Llegó el turno del coordinador apodado Coruco. Él pidió a la comunidad que sacaran sus rifles, armas y se sumaran a las barricadas. "Como aquel muchacho", y señaló a un joven que llevaba un rifle.
Los comunitarios pidieron que el poblado eligiera a un líder. Se subió una veintena de lugareños. Algunos dieron discursos. El domingo se designará al interlocutor.
A un costado, un puñado de policías municipales veían la asamblea; aunque pueden andar libremente por la plaza. Están retenidos. Son 11. Otros estaban en su día de descanso cuando las autodefensas tomaron Parácuaro. Unos más se encontraban en una ranchería cercana. Dicen que los tratan bien; sus familias les llevan de comer.
En un negocio de la plaza, una joven atiende a compradores. "¡Qué bueno que llegaron!", dice, convencida, pero en voz baja. "Ayúdelos", agrega. "Ayúdelos".