Por Ángel Villarino
AGENCIA REFORMA
CD. DE MÉXICO.- Marta escapó hace tres meses de La Ruana, Michoacán, con su hijo de 6 años. La aterraba ser víctima del cártel de los Templarios.
“El tramo hasta el aeropuerto de Guadalajara fue agonizante porque teníamos miedo a que los Caballeros nos parasen y nos matasen”, dijo la mujer, quien ahora reside en Long Beach, California.
Como ella, miles de michoacanos están huyendo a Estados Unidos con la esperanza de alcanzar el estatus de refugiados, algo que muy pocos consiguen. En 2012, fueron sólo 126 mexicanos.
Las peticiones de asilo en la frontera Norte crecieron de 13 mil 800 en el 2012 a 36 mil en 2013, de acuerdo con datos del Departamento de Seguridad Interna de EU.
En este periodo, alrededor de 2 mil peticionarios aportaron documentación expedida en Michoacán, especialmente del área de La Ruana.
“Sí está saliendo mucha, mucha gente, y el pueblo está ya casi vacío. Ahora ya prefieren irse y dejarlo todo. Mi familia no pudo venir porque no tenemos economía”, contó Marta, de 27 años.
Miguel, un joven mecánico, salió también de La Ruana con su esposa y una hija de un año.
“Volamos de Guadalajara a Tijuana, y allí pedimos asilo en la frontera con San Diego. Decidí salir porque todos nos sentimos amenazados”, relató desde San Francisco.
Miguel ha conseguido recientemente que una Corte le extienda el permiso de estancia hasta diciembre de 2015, pero sigue preocupado por los familiares que dejó atrás.
“A un cuñado de mi esposa los comunitarios le han dicho que, o les paga 500 pesos, o pasa una noche de comunitario, o se tiene que ir del pueblo”, afirmó.
Según Marta, regresar es una opción que nadie en su entorno contempla.
“Los que regresan están sentenciados a muerte porque allí se conocen y, si vuelven, les dicen que son traicioneros y los matan”.