Nouhad Mahmoud

Cuando los acuerdos de Sykes-Picot entre Francia y Gran Bretaña fueron revelados al mundo por los revolucionarios rusos, hace casi cien años, la reacción de la población árabe en el Levante y otros países de la región fue un choque de incredulidad. Los dos poderes del mundo delimitaron las líneas de partición de la zona de acuerdo a sus intereses con una indiferencia total a la aspiración del pueblo que vivía allí. La declaración de Balfour de 1917 prometió a las organizaciones sionistas el apoyo a su plan para crear una patria a los judíos en Palestina.
Todos los estados de Levante están viviendo hoy una crisis existencial, debido a los problemas abrumadores que están enfrentando. Irak, tras la invasión estadounidense de 2003 y sus consecuencias destructivas a niveles político, económico y social y la subsecuente influencia de Irán sobre los políticos y política del País, está ahora dividido claramente entre sunitas, chiítas y kurdos.
El Gobierno ha perdido su credibilidad como una fuerza unificadora de los componentes de la población. El Estado es débil debido a la falta de lealtad de sus ciudadanos.
Individuos y grupos están encontrando más seguridad y protección dentro de sus comunidades y tribus. La violencia de los salafistas y la reacción de las milicias armadas oponentes están añadiendo a la tenebrosa imagen del País que fue por miles de años la cuna de la civilización.
Siria, con sus condiciones sangrientas en los últimos tres años, es otro País enfrentando problemas existenciales. La opresión del dominio de una minoría por medio siglo ha conducido a la revuelta de la mayoría. La oposición buscando democracia, libertad y dignidad se convirtió en la víctima de una confrontación salvaje, entre los componentes sectarios de la población. El régimen se mostró más poderoso que el Estado mismo. Las matanzas diarias están separando más a los sirios. Cualquiera que sea el resultado de Ginebra II, convocada para el 22 de este mes, los retos para reunificar a los sirios son serios y tremendos.
Líbano ha vivido problemas múltiples durante casi toda la historia de su independencia. Ninguna de sus crisis fueron resueltas definitivamente, los políticos libaneses representando a sus comunidades religiosas compiten por el poder contando con un patrocinio externo. En una región de conflictos políticos, regionales e internacionales, están invitando a la tensión y polarización a su pequeño País.
Un País con gran potencial está paralizado por la falta de visión de sus líderes y ahogado por asuntos más grandes de su alrededor. La guerra en Siria y sus consecuencias trágicas han demostrado la insensatez de las fronteras entre los estados del Levante.
Las demarcaciones entre Líbano y Siria, Irak y Siria, Jordania y Siria se tornan insignificantes para el flujo de armas y combatientes y para el escape de los refugiados en todas direcciones. La unidad de la región es una realidad, de nuevo, a través de la violencia y la miseria para todos.
Los pueblos de Levante y todos sus estados son aprensivos sobre la consecuencia de sus problemas actuales. Temen otra intervención extranjera, que decida su destino e imponga nuevas fronteras para ellos, como sucedió en el pasado.
Cualquier intento para dividir a la región según líneas sectarias será un medio de guerras infinitas. Para esta parte del mundo como cualquier otra, democracia, libertad de elección y de expresión, descentralización y buen Gobierno son la respuesta y la solución para todos los desafortunados hechos para los pueblos del Levante, en Irak, Líbano, Siria, Jordania, y Palestina. Fueron negados sus derechos legítimos, de autodeterminación, en la conferencia de París después de la primera Guerra Mundial. Sólo intereses y planes externos fueron servidos entonces y hoy.
La guerra para terminar todas las guerras sigue generando tragedias horribles en el Levante.