Silvia Gómez Tagle

Este año de las numerosas organizaciones aspirantes para ser reconocidas como “nuevos partidos” han quedado tres “finalistas” que, cumplen con los requisitos básicos y probablemente reciban el “registro”, acompañado de financiamiento y de la oportunidad de participar en las elecciones legislativas de 2015. Los tres partidos manifiestan entre sus objetivos algo similar a la renovación de la ética en la política, la moral, la familia. Sin embargo hay diferencias, el Partido Humanista menciona la economía social como parte de su programa; el Partido Encuentro Social, tiene una evidente inclinación religiosa Cristiana-evangélica, pero no se define como “partido religioso” sino como partido de Centro. Y el Movimiento de Regeneración Nacional MORENA, también tiene objetivos bastante difusos relacionados con la ética política, se manifiesta como “de izquierda”, con un programa explícito en contra del neoliberalismo. Pero parece que es más fácil hacer documentos que organizaciones políticas capaces de tener un impacto de alcance nacional. Por eso la diferencia de fondo parece estar más en el carácter de las organizaciones que en los documentos.
El Partido Humanista, en realidad es un “reciclado” de algunos de los dirigentes de este nuevo partido, cuando participaron con Patricia Mercado en Alternativa Social Demócrata y Campesina (ASDC), donde provocaron conflictos con resultados poco afortunados. Y a su vez la ASDC había surgido de la convergencia de varios otros partidos que ya habían perdido el registro en elecciones anteriores, lo que hace pensar que se trata de líderes de un perfil difuso. El Partido Encuentro Social (PES) ha tenido una presencia continuada en algunas regiones del Norte del País, lo que le ha valido obtener triunfos en elecciones locales, sin embargo el perfil de la organización difícilmente hace pensar en un partido nacional con grandes proyectos. ¿Cuál es realmente el objetivo que persiguen sus dirigentes? ¿Qué relación tienen con sectores sociales que justifiquen su liderazgo, o se trata de burócratas de la política, que saltan de un puesto a otro como modus vivendi?
En realidad la diferencia está en el impacto político que ha tenido MORENA, desde que surgió antes de 2006 como un movimiento para la promoción de la candidatura de Andrés Manuel López Obrador, en paralelo al PRD, hasta la fecha, en que se ha decidido convertirla en partido electoral. En este caso no hay duda de que las aspiraciones son alcanzar el poder político por la vía electoral, y no negociar parcelas pequeñas a partir de acuerdos con partidos mayores. El éxito no está garantizado, el reto será convertir a MORENA en un partido diferente, como tanto se insiste en sus documentos, con una ética de la política renovadora. Pero un gran problema es la personalización del poder alrededor de un liderazgo, porque la personalidad de AMLO sobresale a todos los demás integrantes del movimiento. Desde esta perspectiva, da la impresión de que sigue siendo un movimiento alrededor de un líder social de gran capacidad de convocatoria, pero hace falta que se transforme en un partido con órganos colegiados y deliberativos de todos los niveles. El gran reto será procesar las candidaturas para las elecciones de 2015.
Las reglas para el registro de nuevos partidos se han perfeccionado después de las reformas de 2007, ahora se exige mayor responsabilidad a los dirigentes por el financiamiento público y privado que reciben. Sin embargo el dilema sigue vigente: se favorece la inclusión de fuerzas políticas emergentes en el sistema de partidos, con el fin de mantener la pluralidad política; o se restringe el número de partidos para evitar que grupos sin posibilidad, ni interés, de convertirse en partidos nacionales, se beneficien de un sistema de financiamiento público y tengan acceso al Congreso a través de negociaciones de dudosa transparencia. Este es un tema pendiente para la legislación de las reformas constitucionales recientemente aprobadas, que no ha sido suficientemente discutido.