Banner

Por Benito Jiménez
AGENCIA REFORMA
CULIACÁN.- Desde mediados de 2013, Joaquín “El Chapo” Guzmán bajó la guardia en su seguridad.
Se apartó de sus escoltas y mantuvo un bajo perfil.
Convirtió esta ciudad en su principal lugar de residencia, lejos de la sierra donde solía esconderse.
Investigaciones de la PGR suponen que ese giro en su vida se debió al apego que tenía con sus hijas gemelas, de 2 años de edad.
“Estaba enamorado de ellas. No podía estar más de 10 días sin verlas”, dijo una fuente ministerial.
“El Chapo” se quedó sólo con un mandadero y vigilante y una cocinera identificada como Valdovina, “La Chapis”, de 26 años.
También tenía cerca a Manuel López Osorio, “El Picudo”, quien lo rescató el 17 de febrero de los desagües de Culiacán y lo llevó a Mazatlán, donde el capo fue finalmente capturado el día 22.
De viajar en un convoy de camionetas de lujo blindadas, “El Chapo” comenzó a manejar sus propios vehículos.
Se le vio en Culiacán, mientras la Marina llevaba a cabo el operativo contra su red, a bordo de un Jetta y un Sentra.
En este último ingresó, en la segunda semana de febrero, en uno de los cinco domicilios que tiene en Culiacán en la colonia Libertadores. Los marinos le pisaban ya los talones.
“Buscó casas de bajo perfil, nada ostentosas. Tenía en la mira todas las viviendas de Culiacán que conectaran con su red de túneles para escapar”, indicó un agente ministerial.
Cuando fue detenido por la Marina en el edificio Miramar en Mazatlán, el líder del Cártel de Sinaloa tampoco echó mano de sus pistoleros. Estaba con su familia.