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La sociedad y Gobierno deberían preocuparse por la narcocultura y la mitificación del capo, afirma

Por Ruth Rodríguez

EL UNIVERSAL

CD. DE MÉXICO.- Lejos de festejar la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera, la Arquidiócesis Primada de México dijo que la sociedad y Gobierno deberían preocuparse por la narcocultura y la mitificación del capo, así como por la corrupción de autoridades que protegen y encubren a los cárteles que operan en el País.

En el editorial titulado “Chaponización”, la Iglesia Católica advirtió así de no caer en la mitificación de un delincuente, y criticó con dureza que ahora en Sinaloa, tras su captura, se realicen marchas a favor del capo.

“También hay que preguntarnos por la situación del pueblo sinaloense manipulado y abandonado de la protección de los responsables del bien común”, subrayó, a la vez que consideró que existe preocupación y contrariedad por la “Chaponización” de México.

La Iglesia indicó que “El Chapo” Guzmán es el prototipo de la delincuencia privilegiada cuya influencia llegó a las portadas de revistas internacionales de negocios —como Forbes, que lo incluyó en su lista de millonarios—.

Recordó en su editorial del semanario católico Desde la Fe, que no se debe olvidar que “su poder es consecuencia del vacío de gobierno y la complicidad de funcionarios, quienes no cumplieron su trabajo, favoreciendo la impunidad por ‘cañonazos’ de billetes, privilegios y obscenas fortunas patrimoniales”.

La Arquidiócesis expuso que desde su fuga —en enero de 2001—, de la prisión federal de máxima seguridad de Puente Grande, se constataron las redes de corrupción tejidas por “El Chapo”, abriendo la puerta a la omnipresencia del capo, de su lucha por las plazas y el poder en el crimen organizado.

Aseguró que “El Chapo” jamás desapareció, el Estado invirtió recursos humanos y millonarios para su captura de forma inútil, ya que “su paradero era conocido en las comunidades agradecidas al ´padrino´ hacedor de justicia; todo mundo sabía dónde vivía, menos la autoridad”, dijo al parafrasear las declaraciones de 2009 del arzobispo de Durango, Héctor González Martínez.