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El pueblo se transforma por las tardes y los niños se inician con una ‘namás pa’ el calor’


EL UNIVERSAL

CUENCA DEL PAPALOAPAN.- Al llegar al Santuario del Cristo Negro, venerado desde hace 416 años por indígenas chinantecos y mazatecos, no se oye ni el ladrido de los perros. El olor a caña molida y leña quemada se va perdiendo conforme calienta el día.

Este podría ser sólo un centro de fe y de fiestas religiosas, si no fuera porque aquí hay más lugares de venta de cervezas y licores que escuelas, lo que hace que el pueblo se transforme por las tardes, las cantinas se llenen y los niños se inicien con una “namás pa’ la calor”.

Las seis escuelas que hay en la localidad, desde preescolar hasta un bachillerato privado, ubicadas justo detrás de la Iglesia edificada en 1878, están rodeadas en total de 19 cervecerías, bares, depósitos y expendios de vinos y licores, de acuerdo con el Censo del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI).

Por eso, el Municipio forma parte de la lista de 11 localidades de México en las que existen más cantinas, centros nocturnos y bares que escuelas, según se desprende de la estadística del primer Atlas Educativo que se realizó para la Secretaría de Educación Pública (SEP).

A nivel nacional, existen 10 escuelas por cada cantina. Pero en el Estado de Veracruz la relación es de cinco escuelas por cada cantina, mientras que en Querétaro es de 23 escuelas por cantina.

No importa el día de la semana ni la hora, si se trata de adultos o niños; lo mismo da. Con este tiempo se antoja una cerveza, relata entre sonrisas Esmeralda, quien a sus 16 años todavía cursa el segundo grado de secundaria.

Hace más de un año sus papás le lanzaron la misma advertencia que le ocurre a la mayoría de los niños de Otatitlán: preferimos que tomes en casa a que hagas un show en la calle. De sus ojos salen rayos de su rebeldía y cuenta que de vez en vez participa en el consumo de dos cartones que compran en su casa durante un día del fin de semana.

Hace menos de un mes, sus amigos la invitaron a un baile en Papaloapan. Tocaba Hugo Ruiz y su grupo de salsa. Perdió la cuenta de cuántas cervezas ingirió durante la noche, a las que sumó algunos vasitos de una botella. “¡Asu! Ahí quedé... Atravesada”.

Al llegar a su casa ambos padres preguntaron si había tomado. Esmeralda sólo dijo que un poco, pero al día siguiente, sólo bastó que la vieran levantarse de la cama y empezaron a reír. Ambos padres se burlaban de su cara de cruda.

“Mi mamá me hizo un caldo y mi papá me preparó un tehuacán y ya me la pasé tranquila”.

Sus compañeros de clase, quienes observan, hacen mofa del relato. Entre risas, Elmer revela que otros días, al salir de clases, mientras esperan en el parque el camión que los trasladará a sus comunidades, han comprado latas de licor y refresco que se venden preparados en la única tienda de conveniencia del Municipio.

No existe ninguna restricción para que los niños compren bebidas alcohólicas. De hecho sólo basta con tener dinero.

En la disco o en un lugar llamado La Polaca dejan entrar a los chavos si pueden pagar para que los dejen entrar, dice Gabriela, de tan sólo 14 años de edad y estudiante de segundo grado de secundaria.



Sin regular, negocios

La Iglesia edificada en el siglo XIX (1878) se encuentra ubicada en el corazón de ese Municipio, considerado el primer poblado de la Entidad, antes de la fundación del Puerto de Veracruz.

Las cinco escuelas ubicadas en la cabecera de Otatitlán, que reporta el censo de maestros, alumnos e inmuebles, se ubican a espaldas de ese edificio que alberga a uno de los tres Cristos Negros elaborados en Londres por el escultor John Dornier, por órdenes del Rey Felipe II.

A tan sólo 113 pasos de la puerta del