Por Arturo Sarukhán


En mi columna de hace 15 días compartía con ustedes lo que estaba ocurriendo en Estados Unidos con respecto a las consideraciones políticas en torno a la reforma migratoria y a un sistema disfuncional que no sólo perpetua el que cerca de 12 millones de migrantes indocumentados de todo el mundo sigan viviendo en las sombras, sino que desdeña las enormes aportaciones de los migrantes al bienestar social y la prosperidad económica estadounidenses.
Hoy vuelvo a abordar el asunto no sólo convencido de que éste es uno de un puñado de temas que tendrán un enorme impacto para las perspectivas de crecimiento en Norteamérica, sino porque en la frontera entre México y Estados Unidos ha estallado una profunda crisis humanitaria que tiene implicaciones inmediatas para las posibilidades en el mediano plazo de una reforma migratoria de gran calado, así como consecuencias para las políticas migratorias y de seguridad de nuestro País. Me refiero, evidentemente, al sensible flujo de menores migrantes no acompañados que han alcanzado en semanas y meses recientes la frontera mexicana con EU y que para fines de año podrían llegar a cien mil menores detenidos por la Patrulla Fronteriza.
Para el debate migratorio en Estados Unidos, este incremento exponencial en el número de menores buscando cruzar la frontera no podía haber llegado en peor momento. A las lecturas y percepciones detonadas por la derrota en elección primaria del líder republicano en la Cámara de Representantes, Eric Cantor, en el sentido de que la reforma migratoria es, en la coyuntura actual, un lastre político-electoral con la base conservadora de ese partido, el flujo de menores ha vuelto a brindar a los republicanos su excusa más socorrida para minar la reforma, insistiendo nuevamente que su frontera con México no está bien controlada y que se requiere reforzar primero la seguridad fronteriza como paso previo a un debate legislativo. A lo anterior se suma quizás el saldo más costoso, tanto para México como para el Gobierno estadounidense y las organizaciones y activistas pro reforma: el daño hecho a la narrativa de la migración neta cero desde México, y que había venido consolidándose en prensa y círculos políticos como el aditivo de un nuevo impulso a la reforma integral en ese País. Si bien cerca de tres cuartas partes de los flujos de menores no acompañados provienen de Guatemala, El Salvador y Honduras, habría que tener un optimismo panglosiano como para no darse cuenta de que este flujo migratorio de menores socava lo que era un argumento enormemente importante para modificar el debate político en EU con relación a la frontera con México. Al final del día, la suma de estos factores implica que para todo efecto práctico, la reforma migratoria integral esté muerta en el 2014.
Para México, estos menores plantean un reto seminal a nuestras políticas migratoria y de desarrollo y cooperación regional, para los principios de asilo y refugio y para nuestra seguridad fronteriza. Pero también harán que la mirada y la atención -seguramente incómodas- de congresistas y Gobierno estadounidenses vuelvan a posarse en la capacidad de administración y control operativo mexicanos de nuestra frontera sur. Si bien muchos en México considerarán que esa frontera y los flujos migratorios que la atraviesan no son un tema de seguridad nacional, para Estados Unidos y para sus paradigmas de seguridad a raíz del 2001 sí que lo son, sobre todo por las vulnerabilidades que evidencian y que podrían ser explotadas por actores que usando territorio mexicano, busquen atentar en contra de la seguridad estadounidense.
Más allá de los recursos que la administración Obama ha empezado a canalizar a la frontera, de la decisión de agilizar procesos de deliberación del estatus de estos menores, de las lamentables recetas de solución de calcomanía de automóvil entre algunas voces conservadoras estadounidenses, y de lo que se pueda hacer de manera bilateral o regional entre Estados Unidos, México y Centroamérica, el presidente Obama ya anunció este lunes que buscará, ahora sí, instrumentar decisiones administrativas para darle la vuelta al Congreso y avanzar con soluciones parciales al impasse político que hoy se vive en la materia en EU. Pero lo que todos tendrían que asumir como una realidad ineludible, tanto Congreso y Casa Blanca como republicanos y demócratas, es que la única solución de raíz real, duradera y eficaz a los flujos de menores migrantes no acompañados será la misma que se requiere ante el reto general de los flujos migratorios en la región: aprobar una reforma migratoria integral en EU.