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Alemania goleó 7-1 a Brasil y se mete a la Final de la Copa del Mundo


Por Luis Homero Echeverría
AGENCIA REFORMA
BELO HORIZONTE.- En 1950 fue Uruguay, ayer fue Alemania la que provocó la nueva tragedia en la historia del futbol brasileño, el "Mineirazo".
En sólo seis minutos, donde hizo cuatro goles, en un latigazo de 29 donde sumó cinco tantos para sellar el pase a la Final, el combinado alemán hizo polvo a toda la ilusión brasileña, un puñetazo a su leyenda en el balompié mundial.
El especialista en Semifinales, Alemania, derrotó 7-1 al anfitrión y en cada gol causó una herida en lo deportivo y en lo social para la nación sudamericana.
Pasaron 64 años y Brasil no pudo sacudirse la pena del "Maracanazo" que le propinaron los charrúas, no logró darle a su afición, a su pueblo, esa alegría que anheló tras demasiados sacrificios y exigencias para tener el torneo a punto, para cumplir con los encargos rigurosos de FIFA.
Perdió al que era su símbolo, Neymar, y con ello perdió la brújula. Ya no hubo guía en el terreno de juego y ya no hubo ídolo que seguir en la grada.
Al minuto 11 abrió la cuenta la Mannschaft. A segundo poste apareció en solitario Thomas Müller y silenció a la afición canarinha, la misma que entonó con potencia su himno nacional poco antes y que después terminó en llanto por el descalabro.
Pero faltaba lo peor. Entre los minutos 23 y 29 el conjunto germano fabricó cuatro anotaciones, con toque a placer y en corto, como en baile de samba, y con definición rápida, sin piedad ni temor a lo que con cada espina provocó en el ánimo de cada brasileño.
La muerte fue rápida, pero el lamento duradero. Después de Müller siguió Miroslav Klose con su gol 16 que lo coloca como el mejor anotador en las Copas del Mundo, por encima de Ronaldo, otro brasileño que perdió su lugar.
Luego, llegó el doblete de Toni Kroos (24' y 26') y cerró el clímax del partido Sami Khedira. Ya era la media hora, ese tiempo bastó para desmoronar al anfitrión.
Por más movimientos que intentó el técnico, Luiz Felipe Scolari, con los ingresos de Ramires y Paulinho, se perdió la capacidad de reacción. Un equipo en shock como lo dijo el entrenador teutón, Joachim Löw. Una "torcida" y todo un pueblo también en estado traumático.
Los goles de Andre Schürrle en el complemento, el seis y el siete, subrayaron la supremacía alemana y confirmaron que Brasil, dentro y fuera del campo, no era lo que aparentaba ser.
Alemania es el finalista, pero el futbol brasileño y su nación entera, los grandes perdedores.
Los germanos avanzan a la Final. Brasil quedó igual, con la humillación y una cruda en lo social y en lo deportivo tan elevada como siete goles en un marcador.