Desesperados habitantes de comunidades afectadas por el derrame de crudo en Cadereyta

Por Abraham Vázquez

AGENCIA REFORMA

CADEREYTA.- Mientras las autoridades han minimizado el impacto ambiental del derrame de petróleo en el Río San Juan, habitantes de comunidades afectadas en Cadereyta denunciaron que el agua de norias y pozos para consumo humano tiene un sabor extraño.

“Ya sabe a gas el agua de la llave (proveniente de pozos). Estamos tomando de garrafón, pero el agua de la llave sabe a gas”, dijo Josefina Rodríguez, de la comunidad Ejido Santa Isabel.

“¿Servirá para lavar? No vaya a quedar la ropa con olor a gas o a petróleo”, apuntó.

Habitantes de comunidades y ejidos como Mexiquito, San Diego, Hacienda Dolores, Santa Isabel, La Haciendita, Soledad Herreras, Concepción, Pueblo Nuevo, Tepehuaje y Los Sabinos han denunciado que el agua para consumo humano presenta sabores asociados a los hidrocarburos.

Una fuga de petróleo en un ducto de Pemex presuntamente originada por una “ordeña” provocó que 4 mil barriles de crudo se extendieran a lo largo de 11.5 kilómetros de la acequia Toma de Agua Santa Isabel, utilizada para riego, y de 6.5 kilómetros del Río San Juan.

El derrame ocasionó daños en flora y fauna del afluente, y los habitantes sospechan de la calidad del agua de pozos y norias, cuyo uso humano han interrumpido.

El gobernador Rodrigo Medina reportó el lunes que estudios de Conagua y Agua y Drenaje de Monterrey no detectaron una posible contaminación de mantos freáticos.

Los habitantes de las comunidades afectadas, sin embargo, sostuvieron ayer otra versión.

El sacerdote Juan Manuel Guerrero, párroco de Nuestra Señora de la Merced en San Juan Cadereyta, señaló que los políticos que insisten en minimizar la catástrofe ambiental, deberían acudir a tomar agua de los pozos presuntamente dañados.

“Que vengan y tomen agua. Si ellos (autoridades) toman un vaso con agua que sacamos del pozo, yo me tomó uno”, dijo Guerrero, sin hacer referencia directa al gobernador.

“Ahorita solamente han dado declaraciones desde un escritorio, no han venido a ver a la gente”.

El Padre Chema, como le conocen a Guerrero en la zona, señaló que el agua de los pozos y norias, destinadas al uso humano, ha comenzado a generar problemas en la piel y enfermedades gastrointestinales.

Claudia Rodríguez, habitante de La Haciendita, señaló que en su familia empiezan a reflejarse estos problemas.

“Mi hija andaba en la orilla del río cuando empezó con las ámpulas, pero el jueves (pasado) ya traía su cuerpo todo lleno y se le reventaron”, expresó.